miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA POESÍA HABITA EL IMPERIO DE LAS PALABRAS

Fotografía tomada del archivo personal del autor
El imperio de la poesía está compuesto de palabras, imágenes que son claros en el camino de la soledad, porque el amor no debe reducirse a un sentimiento, más bien a un diálogo del yo con su otro; a veces su igual, por momentos, el desconocido, porque el imperio del amor es una casa que no nos abre sus puertas, es una casa donde las palabras son destinos, para ingresar debemos usar máscaras y ser noche.

Una casa donde habitar la poesía, la reflexión filosófica. Filosofía no entendida como el amor a la sabiduría, al contrario, comprender la sabiduría del amor. Saber que en ese imperio el conocimiento está en el otro, aquel objeto amado, aquel que es inasible. En este discurso, la poesía de Fernando Farías Sacón semeja artificios profanos en la que el poeta transita una época, retorna el cuerpo a re-pensarse, más allá de la postmodernidad. Retorna al imaginario de la “ninfa”. Un poeta del mar que encuentra en Lesbia el verso:

“…Azul y agigantado como el mar,
un canto donde dancen las ondinas y nereidas de las aguas;
un canto distinto, melodioso a la medida de tu corazón
donde puedas escuchar mis palabras
clara y firme como el verso.”

Está claro que la poesía de Farías Sacón tiene la escuela modernista, muy cercano a las Prosas Profanas, de Rubén Darío donde las palabras dialogan en un universo cósmico. Ya lo diría el gran Darío “cada palabra tiene una melodía ideal”, y allá va el poema que da título a este compendio de poemas: “mis versos son perlas en las alas de las aves;/entre eco y el viento.”

En el poema Sideral, Farías Sacón engendra lo sobrio de Mallarmé, los poemas sociales se hacen elusivos, nos dice: “Ah, la poesía,/ como fruto de la tierra”. El poeta es un sujeto histórico que entiende la época en que vive. Reflexiona el universo en que vive.

Fernando Farías Sacón es un “poeta orgánico”, dota de memoria histórica a una época fraguada en un capitalismo servil. Algo que he encontrado en la poesía de Farías Sacón es ese inmiscuirse en qué puede decirnos el poema, más allá de lo conocido. ¿Hay algo que habita el lenguaje?: un espacio sideral de tus palabras.

¿Acá el objetivo de la poesía? Denominar la belleza, no tocarla; preguntarla, no responderla.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un poema que fluye como el agua y retorna arena.


El trabajo poético, pensado desde lo cotidiano, llega a ser ese proceso de (re)lectura del yo, en donde el sujeto es ironía dentro del hábitat del mundo. Ironía que conlleva crítica, por tanto, (re)escritura. El poeta tiene la figura del camaleón al entenderse como lenguaje y lejos de ser un observador cuestiona y se cuestiona. Entabla un entramado complejo de diálogo de sensibilidades; por eso, asistir al nuevo libro de Santiago Vizcaíno es asistir a un escenario donde los otros solo son un espejo desfigurado.


Foto tomada de Diario La Hora.


La voz poética reviste de otra piel. Piel que sangra palabras en un mundo caótico que destierra al hacedor de versos. Vizcaíno, cercano a la República de Platón, entiende el destierro del poeta porque sus palabras son muñones. Cada verso es una enfermedad: “no te leerán jamás en Austria ni en Finlandia ni en korea del norte/ poeta mediocre de la línea ecuatorial”. Esta voz poética sabe que las ideas son abstractas e invisibles, por tanto el uso de la palabra dialéctica transformará a ese monstruo en humano: “Se escribe porque se está en la oscuridad./ Lo que no quiere decir que la escritura sea luz./ Al contrario, es grito.”.

No hay emoción en este libro, hay un discurso del cuestionamiento. Vizcaíno comprende que escribir una poética de la emoción es decorar a la palabra, su trabajo dista de esa idea y emprende una poética hacia una nada, en donde no hay luz, solo escombros y habita y dice: “El vientre de mi madre era el logos de la nostalgia”. El Santiagoenfermo del hoy se reencuentra con el Santiagoenfermo del ayer: “lo que era antes se ha ido y volverá con esos resortijones para habitar la memoria zombi…”. Habitat del camaleón esboza la tensión entre el hoy y el ayer. La oposición circular que no termina en un mañana. Es hoy y es nada. Como escribió Verdaguer, el poeta catalán, Lo que un siglo construye otro lo derriba, Vizcaíno recuerda y olvida; así construye al otro que retornará y a través del lenguaje habitará lo que alguna vez fue.

Hay que aclarar que Vizcaíno no construye una voz poética desde lo maldito. Al contrario, en el poema, las palabras cobran vida, dan significado a una vida que está próxima a decaer y renace en el canto del hijo

“ahora que tu rostro en construcción es la perfecta silueta…
Tu padre es una flama…/ en mitad del día”.

Así es el mundo del poema, un hábitat del camaleón, la voz poética se canta así mismo para luego cantar al otro, que es su hijo, el cual cantará al otro, su abuelo. La poesía de Vizcaíno es un constante fluir de las aguas, un constante retorno. Un visaje.

Es versátil la palabra en Vizcaíno. Esta versatilidad genera que la expresión de la imagen genere variada significación. Por un lado, reniega de sí mismo, entiende que la ciudad como centro de catarsis, es un laberinto en donde el ser ingresa a una cárcel. Ahí habita la soledad, la (des)anda y no puede huir.

“Dime, tú, borracho, ¿por qué no has llorado para vaciar
el ensueño?”
te acuestas en una cama vacía,
como el trago que alguien escupe y no bebe.”

Pero también, el poema es el  lugar donde el poeta rehace la llaga. Asume la derrota, no esconde su sollozo y escribe sonriendo toda la falsedad que le rodea.

Vizcaíno, en esa deconstrucción de su hábitat, ordena su mundo. Renace en cada palabra y en cada imagen se (des)ordena. Entiende el poema infinito de Borges. A él asiste. En él se (des)hace.





miércoles, 20 de julio de 2016

Reafirmar al sujeto hispanoamericano, una labor pendiente.


Libro publicado por Eskeletra editorial: Sirhiom 

El poema empuña su fusil

José Martí, en su ensayo Nuestra América[1], escribía “Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales”, este pensamiento manifestaba en torno al malestar que los pueblos hispanoamericanos sentían ante las infamias del poder, recreadas desde la idea de colonialidad. El discurso que desde occidente comenzó a escribir nuestra historia, es por eso que el pensador y combatiente cubano establecía una nueva forma de relacionarnos culturalmente, recuperando la conciencia de nuestra voz. Una voz, por tanto una literatura, hispanoamericana que haga frente ante las matrices culturales venidas de la colonialidad.

El reafirmar al sujeto hispanoamericano por medio de la literatura radica la importancia del pensamiento de José Martí. Advertir que la cultura impuesta de occidente puede desplazar nuestra identidad, por tanto, el escritor hispanoamericano debe reconocer y retornar a valorar nuestro pasado. Este retornar a lo propio es lo que llama el hombre natural.

Es tal como lo piensa el poeta Leopoldo Tobar Salazar, en un libro de poesía titulado “Cuando el amor empuñe sus fusiles: poesía protesta-poesía de amor-poesía rebelde”. Poesía ausente de toda falacia metafórica. Palabras que comunican la angustia de un pueblo, pero que encuentra en el amor la salvación. Fiel a su ideología política donde las palabras sangran ante el grito de un ser que llora junto a su pueblo las injusticias dadas por el colonizador enquistado en el poder. ¿Será por su autenticidad que Leopoldo Tobar Salazar ha sido abducido por los “poetas impostores del lenguaje”? Es por eso que veo necesario retornar la mirada al atrás y reconocer a este hombre natural y rehacer un ejercicio de análisis para enriquecer las letras de este desollado país.

El poeta Leopoldo Tobar Salazar

El poema pintando de rojo los caminos.

El poemario empieza construido desde el sujeto fragmentado, desde el sin voz: “Sembrando trigo/ llegarás a panadero/ Golpeando los montes/ nacerá la aurora de los pueblos”. Esta poética donde la voz se enlaza con el subalterno revaloriza el pensamiento andino, tal como lo pensaba el viejo Marx ante la obra de arte que alcance al enemigo; no refutando más bien, destruyendo”

“Si pudiera matar a Dios
Con estos versos,
Lo haría por la pobre gente,
Por los apenados, los descalzos,
Los desvalidos…/ por los que a veces no sabemos
De qué mierda sirve haber nacido”

La primera parte del libro denominado “Te amo con el fuego de cien hornos” converge dos temas: la revolución y el amor. La revolución reivindicando la lucha proletaria y el amor simbolizado en la imagen de la mujer.

El año 1959 para América Latina se vuelve importante en el campo artístico, la utopía de la libertad se torna certeza. Los intelectuales de la época se dan cuenta que se puede llegar a conquistar el poder. Dejar atrás el oscuro romanticismo y crear palabras con conciencia se vuelve preponderante en América Latina. Escritores del Boom Latinoamericano es un claro ejemplo de este cambio en las letras. En el caso del Ecuador, los poetas Tzántzicos que vieron en la revolución cubana el inicio para un nuevo paradigma revolucionario, repensar la América Nuestra, la patria histórica, retornar a la cotidianidad de los excluidos, darle voz al indígena, luchar junto al más débil. Así aparece la literatura combativa, revolucionaria. Si bien, Leopoldo Tobar Salazar no fue un poeta Tzántzico, si es un poeta combativo: “Ahora, en esta hora de muerte sin amén/ No quiero versos sino balas”. Poemas terroristas lo llama el poeta, porque las palabras tienen memoria. Pero también la palabra construye y destruye. El poema terrorista es como un cuchillo de luz en la conciencia del proletario:


“Es cierto que canto a la vida
con poemas terroristas
porque cuando vine
no vi flores
sino pan ametrallado,
pliegos de huelguistas,
soldados a caballos”

La segunda parte del libro, llamado “A flor de escopetazos”, Leopoldo Tobar Salazar entiende la desazón que vive el pueblo ante la inminente crueldad con la que la modernidad se va apoderando de nuestra identidad por tanto utiliza a la figura retórica con un propósito para poder explicar la realidad; ya lo decía Fernando Pessoa: “La ironía es el primer indicio de que la conciencia se ha tornado consciente”. El poeta entiende que el lenguaje es creación y la salvación está en crear. La palabra como liberación:

“Good morning Patria de mi alma
ya mismito cantamos el himno nacional
en gringo”

El poeta entiende que la llegada de la modernidad genere contradicción en el modo de vida, por tanto el lenguaje irónico intentará representar irónicamente la realidad. La ironía como un cuestionamiento al poder:

“Alambran la tierra
y nos enseñan
a respetar los gritos del patrón.
Alambran el pupitre
y nos culpan
porque las tizas no saben escribir”

La tercera parte de este libro se titula “Con las manos juntas”, poemas con un canto vallejiano en el Trilce y los Heraldos Negros. El símbolo de la madre como eje de la creación poética. La madre como criadora de los hijos, como trabajadora de la tierra. La madre es el canto del indio, aquí emerge el llanto del yaraví.

“Oremos por la copa amarga de mi trago;
oremos, madre, por mis miércoles
que se pudren temprano:
oremos, porque mi alma
amanece boca arriba”

Es evidente la añoranza casi religiosa del poeta a la imagen de la madre: imagen del ambiente familiar, ella lleva los alimentos, cuida del hijo enfermo, la fuerza que emerge de estos versos tiene una función emotiva del lenguaje, la tristeza del canto; la vida y la muerte y el eterno retorno hacia el vínculo familiar “A tu círculo de nueve meses eternos”.

La cuarta parte del libro llamado “Agua dulce” los versos se vuelven cotidianos, acá la belleza está contada desde la gente,  sea la muerte de un niño, el nacimiento de un nuevo día, la comida, etc. Elementos en que el poeta se desangra. Entiende que la palabra es poder y desenmascara las trampas del estado.

“Pido que no vengan a consolarme
Con una patada cariñosa
En la mejilla;
Pido que el sol no sea una mazamorra negra
Cuando uno se está preso.
Pido que el azúcar de los tristes
Se asome en los umbrales;
Pido
La gran mierda que los barrancos
Se llenen de jazmines”

En Cuando el amor empuñe sus fusiles, Leopoldo Tobar Salazar traslada la escritura a las escenas cotidianas. No es una poesía solemne. Es una poesía para desgarrarse, pero también es una poesía de la ausencia. En estos versos se reafirma al sujeto hispanoamericano, sabe que la revolución no es “para todos”, sino, como lo decía Martí, la revolución corta la yerba, nace feroz desde la miseria y crea conocimientos. La revolución no se cuenta por años, ser revolucionario es tomar conciencia de por vida. Y la poesía es un acto revolucionario. Se nace y se muere por ella.





[1] Martí, José: Antología: “Nuestra América”. Salvat editores, 1972. España.

miércoles, 13 de julio de 2016

Reflexión en torno a Rebeliones al filo de una sinfonía.



Pensar en el ser humano moderno me hace regresar la mirada al proceso que en que se ha internado la sociedad con la tecnología, es interesante mirar la dinámica dialógica que las redes sociales mantienen con la sociedad. A cada segundo los seres tecno-poéticos suben, comentan o comparten imágenes en la red, así pensar en ese ser humano “moderno” me (re)crea la noción de cuerpo, sino como imitación o instrumento de un metalenguaje en procesos de una manifestación multidimensional: una vida de ficción, dejando a un lado el verdadero pensar poético. Vale reflexionar la pregunta que Roman Jacokbson se hiciera ¿qué hace que un mensaje sea poesía? Esta pregunta se hace clave ante los cambios que se generan en el pensar del ser humano sobre los nuevos aparecimientos de arquetipos y la reconfiguración de la escritura relacionando lo físico y lo virtual.

Lo cierto es que la tecnología se ha combinado con el lenguaje para dar cierto movimiento: fotografías, videos que han inaugurado nuevas narrativas, formas no lineales para generar nuevas lecturas en nuevos espacios, pero también rupturas que dan nuevos sentidos al acto poético. Esta idea de postmodernidad que comparte la idea de experimentar con el lenguaje, o como nominaría Nicanor Parra, los artefactos poéticos, rehace una poesía de la imagen y de la metáfora.

Libro que obtuvo el Premio de Poesía Jorge Carrera Andrade


Así, la vanguardia ha buscado en los fonemas la rebelión de la poesía ante la técnica. Mediante la música crear imágenes para encontrar al ser humano abandonado en el pasado, y es importante hilar mediante imágenes los puntos de ese atrás para acaecer en eterno retorno. Así se rebela el nuevo libro de Freddy Ayala Plazarte, Rebeliones al filo de una sinfonía, publicado en Argentina.

El libro se divide en cinco cuadernos. Inicia el sonido para llegar a la música: “al amanecer/ acudía a olvidar/ su osamenta en la estera de paja./ Silencio”. El silencio que no tiene fin sino que hila los fragmentos en la melodía y en su constante devenir hacia el pasado, a la reconstrucción de un cuerpo y dejar signos en la piel.

La escritura que retoma Freddy Ayala Plazarte es una escritura del símbolo. El zapato, aquel que utiliza el abuelo en el campo y que retorna en el del hijo en la ciudad genera una imposibilidad en la poesía, el cuerpo ingresa en un proceso de formación donde el ser humano no puede ser signado sin la técnica ni la escritura. E aquí el meollo de la poética: el éxodo de la infancia intentando abrir lo candados de arena.

La vejez del sonido, en Ayala Plazarte, inicia desde la recuperación de los manuscritos infantes para terminar en los relatos orales, en la ausencia de la vejez. El poema como imagen del páramo (lenguaje), como el hogar donde el poeta se transforma en fragmento. Hay que recordar que varios filósofos iniciaron esta reflexión, en Nietzsche el lenguaje sería una prisión de la cual los seres humanos no pueden escapar; o, en el decir de Heidegger, la morada de su ser. Los seres humanos habitan en el lenguaje, Ayala Plazarte, el páramo.

Recuerdo leer en una reflexión del poeta chileno Héctor Hernández sobre la frase: “El fin de la civilización es el fin del lenguaje” Ayala Plazarte entiende que los modos de comunicar poesía trasciende la búsqueda del ser humano de indagar su lenguaje, dentro de una época donde las artes escénicas nos han invadido y han convertido al lenguaje en una experimentación, por eso el poeta entiende al poema como un Kipu: signo y subjetividad explorando lo más profundo de la soledad. El recuerdo como la angustia de libertad.

Rebeliones al filo de una sinfonía es un poemario rebelde ante esas nuevas formas tecno-poéticas de presentar la realidad. Ayala nos devuelve una esperanza en la lucha de retornar a ese atrás. Une los puntos y vuelve los ojos hacia la línea del pasado.

Este libro entiende que la palabra y la música tienen una relación intrínseca; la primera está ligada a la luz; la segunda se manifiesta en el abismo de la noche, allá en el fragmento del tiempo: “el habla pudo dibujar lo acústico de las ideas”. Ayala entiende que el atrás lleva música en su expresión. El habla, el zapato abandonado, la abuela y su trenza esperando recibir el abrazo de la tierra, la imagen tiene el canto incomprensible. En la voz de los andes, en la voz del indio, del pasado enfrentándose a la modernidad que estanca al ser humano. En la poesía de Ayala hay historia. Una poesía dialéctica.


Lleno de sentidos Rebeliones al filo de una sinfonía nos da la posibilidad de dialogar, de construir, de crear, nos entrega un mundo heterogéneo en que se desarrolla la creación poética y le da un sentido a la vida.

jueves, 15 de mayo de 2014

Tu muerte Ubaldo fue una secreta victoria.

Un recuerdo a Ubaldo Gil,
a su amistad.


Ubaldo y su libro Más allá de Madrid.





1

Todo escrito exige el olvido, porque éste, decía el viejo Borges, es una de las formas de la memoria, un vago sótano, la otra cara de la moneda. Quizá fuese como le hubiera gustado a Ubaldo que inicie un relato, porque él amaba a Borges, me lo supo decir alguna vez que nos encontramos en un bar de la capital ecuatoriana; tengo inmensos recuerdos grabados en mi sobre las veces de las que charlé con Ubaldo Gil, el poeta de Mar Abierto, que con la serenidad del mar de Manta e ilusionado como el nino Amanolik, del mítico Hugo Mayo disertaba, hasta que llegase el anochecer. Qué extraño me siento en este momento: Afuera de mi habitación está la luna, brilla y tiene un ojo castigador, qué extraño al escribir este olvido, precisamente en la noche; un espacio con el que hice amistad con Ubaldo. Y qué extraño, he retornado al cigarrillo en este momento, luego de cinco años sin fumar. Pero qué extraño, mientras el humo se esparce en mi habitación, la memoria se libera y la esperanza se niega al igual que un dios moribundo.

2

Conocí a Ubaldo por intermedio del poeta Alexis Cuzme, y de su hermano, el poeta Pedro Gil, ya son varios años, pero fue por medio del correo electrónico en que entablamos amistad. Se lo notaba jovial cuando escribía, y se sorprendió cuando le escribí que había leído su libro de cuentos Trama sin utopía, jamás olvidaré lo que me respondió: “son juegos de un joven universitario amante de Borges”. Lo entendí y asimilé lo que alguna vez leí en un cuento de Kawabata “…por muy confusas que sean las palabras, ciertamente, son más fáciles de entender que un gesto torpe”. En Quito, días después de una Feria del Libro en la Universidad Católica, a la salida, con unas cervezas sobre la mesa le conté la anécdota de cómo encontré su libro, fue alguna vez en que fui a dar clases en un establecimiento secundario, en una de esas horas libres, como todo buen ladrón, sin que nadie se de cuenta me sumergí en su biblioteca y entre los varios libros empolvados estaba su libro, con una pasta verde y sus primeros cuentos, pequeños como hormiguitas autistas, juguetonas, exilios de un joven escritor. Claro, no fue el único libro que me robé, al mes de saquear libros de esa institución, presenté mi renuncia, ya había conseguido lo necesario. (¿Se dieron cuenta porque no doy el nombre de aquella institución?)

Pero no solo hablamos de su libro, a Ubaldo no le gustaba esa clase de egocentrismos, siempre se mofaba de aquellos ridículos escritorsillos que publican/can/can/can… hasta el cansancio, como queriendo llegar a ese premio Nobel no dado a ningún ecuatoriano; al contrario, las mujeres, los libros, las borracheras eran las mentiras que nos acompañaban, porque éramos hijos de la noche, pequeños retoños de luz.

Quería publicar a la mayoría de escritores en el Ecuador, no tenía límites. Su sueño, su Mar Abierto era un homenaje a todos esos escritores caídos en el olvido, porque la literatura es un olvido, más la Literatura Ecuatoriana. Cuántos escritores de este amargo país se esparcieron entre los vientos del cruel tiempo, y él sabía muy bien que las palabras son tiempo, por tanto, representan una lucha, un deja vu, un silencio. 

Aunque suene a lugar común, la editorial Mar Abierto fue parte de su vida, con ella viajó a distintos lugares, con ella se emborrachó de alegría y de tristezas, cuántos destellos de aquel proyecto no se encuentran en este momento en nuestras bibliotecas, recuerdo la vez que me llamó y me dijo: Cristian, hay varios poetas quiteños con sus libros, ¿dónde está tu libro, tú te lo mereces? Ubaldo Gil era una de las pocas personas que confiaron en mi, eso representa un regocijo, un orgullo, me sacó del ostracismo, me hice conocer en cada evento porque él me enviaba a realizar las presentaciones de los libros de Mar Abierto, recordar los libros de Jorge Velasco  Mackenzie, Pedro Gil: incesante Ubaldo, arduo que ensangrentó de glorias a esta Literatura Ecuatoriana.

 Junto a Gabriel Cisneros, Ubaldo Gil y Paúl Puma, durante la presentación del libro de Ubaldo

Y los que le conocimos, hemos de coincidir que su proyecto no fue fácil, hubo desengaños, pesadillas, como nobleza. De esto conversábamos en un café griego, por la calle Amazonas, siempre se encontraba con varios libros en su mano, unos ya hechos, otros en el  proceso, no dudaba en regalar libros, pero tenía siempre una frase: “escribe un pequeño comentario sobre el libro”.

Luego de un tiempo, de haber publicado a muchos escritores, le llegó su turno, y como una especie de reconocimiento, la Editorial Mar Abierto publicó su obra Antológica: Amor más allá de Madrid, quién iba a pensar que nuestro Ubaldo empezaba a despedirse de los lectores, de sus amigos. Confió en mí para que le hiciera la presentación, y fue en la Casa de la Cultura Ecuatoriana donde tuvimos un encuentro mágico; Paúl Puma, Gabriel Cisneros, Pedro Gil, María Isabel Iturralde. 

Nos conversó sobre el proceso de la escritura de su novela cortaAmor más allá de Madrid, ¡qué bello título! Ante lo mucho que digan de Ubaldo, en él habitaba el amor, siempre dejaba un verso triste para las horas solitarias, qué ser apasionado, tan humano. 

Si bien fuimos a cenar esa noche, por cosas del destino, sin Ubaldo Gil al igual que los Andrés Caicedo fuimos a festejar ese amor que nos entregó Ubaldo en una discoteca, bailamos salsa y tomamos cerveza hasta el amanecer.

3

Pero la vida nos trae sorpresas abrumadoras, y me entero que Ubaldo Gil se encuentra en una clínica de Guayaquil, no pude llorar, pero pasé toda la noche rezando a ese dios abyecto, pero recé por mi amigo, una de las últimas conversaciones que tuvimos me escribió esto: “… en mi novela quise que Dios fuera un personaje, todo lo decide él en la narración”, y qué buen personaje fue ese Dios del que hablaba Ubaldo, justo en un momento especial de su vida, un rayo fulminador atacó su corazón, Ubaldo Gil abandonó esta realidad un domingo 29 de diciembre del 2013.

Para terminar, parafraseo al viejo Borges: la muerte de Ubaldo Gil fue una secreta victoria.




viernes, 18 de abril de 2014

El silencio en la poesía de Vicente Robalino





1

Vicente Robalino (Ibarra, 1960) se destaca como catedrático en diversas universidades del Ecuador. Sus estudios avalan este hecho, Doctor en Literatura por la Universidad Católica de Quito, y una Maestría en Literatura Iberoamericana en la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, cursó los talleres literarios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, coordinados por Miguel Donoso Pareja, en Quito, en los años 80, junto a varios escritores como Huilo Ruales, Diego Velasco Andrade, Alfredo Pérez, a esta generación de escritores se les denomina: La Generación de los talleristas.

La obra poética de Robalino encarna un largo viaje a la memoria, suyos son los silencios que conforman ese letargo a este presente, silencios que relaciona lo “inexistente” con lo que necesita ser expresado mediante el buen uso del lenguaje:

“De Donoso Pareja aprendí a reconocer la escritura como un oficio que exige una entrega total; a perderle el respeto a la solemnidad del lenguaje”

Aunque no toda su obra nos presenta los temas del desarraigo del pasado, la nostalgia, el amor, las heridas que se cierran al paso del deseo. No, su primer trabajo poético: “Póngase de una vez en desacuerdo” batalla en esa constante búsqueda de la ironía, propio de la generación con la que cohabitó. 




2

Si bien en este poemario, Robalino en la búsqueda de esa voz se enfrenta con la ironía y el antipoema (como lo habíamos dicho en el anterior párrafo), ciertos acontecimientos políticos sucedidos en los años 70 configuraron una realidad falaz, la sociedad ecuatoriana recrea una sociedad en opulencia, el crecimiento de la burguesía que en los años 80 representó pobreza extrema y las diversas luchas sociales germinó que se realice una política del discrimen. De ahí que la literatura en Ecuador y Latinoamérica no se cegó ante esta realidad, temas políticos y sociales abordan la primera poética de Vicente Robalino. Traigo a colación la última estrofa del poema Los portales se defendían solos:

“…Todos lisos para ser disparados por el invierno
Combatiente de posguerra involucrado en el agua
Las leyendas clandestinas se escurrían
Estremeciendo los ofrecimientos de las tiendas
Los portales se defendían solos
Fue en Noviembre de 1922”

La fecha nos hace retroceder en el tiempo, la masacre ejercida por el presidente Tamayo hacia los trabajadores guayaquileños; fecha de la cual muchos grupos sociales se abanderaron en las luchas sociales en los años 70-80.

Pero también los temas negros abordan su ópera prima. En su poema Mas decidido que de costumbre anota en forma de discurso narrativo:

“Durante mucho tiempo una larga cifra de pesquisas
Indagó
De casa en casa de cantina en cantina de
Cabaret en cabaret
Cansados con pesado aburrimiento de tanta
Correría
Lo declararon muerto y para probar tal hecho
Mostraron a la prensa la soga culpable con
Patéticas huellas”

Cabe recordar que Quito, en su marginalidad, ha sufrido el aparecimiento de varios asesinos en serie. En el poema si bien narra poéticamente la historia de un crimen, el deseo está inmerso en su discurso. Sabemos que en el deseo el “otro” es el resultado de la creación humana, por tanto este deseo tendrá un solo objetivo:

“…sin duda el más grave fue haberse enamorado
Acaloradamente
De una tendera…”

Entendiendo a Bataille, “el erotismo de los cuerpos va ligada a la idea de comerse al otro… lo que nos conduce irremediablemente al erotismo sagrado” esto incluye el asesinato.

“… en ese momento se le entró el mismo demonio
y en un dos por tres despachó a los dos
No conforme con eso coció la carne y empezó a
devorarla”

Son estas las razones que la primera producción de Vicente Robalino dificilmente no tratara estos temas de marginalidad y política, pero cabe anotar que la incorporación de esta realidad, a diferencia de muchos de sus contemporáneos lo hizo al servicio de la poesía, por tanto, el valor de Robalino en “Póngase de una vez en desacuerdo” hizo que el poema se construyera en el sistema histórico-social, se apropió de un tema recurrente en la novela, así le dio autonomía al poema.


3.

El silencio en Robalino se instaura en los procesos de la poesía hispanoamericana esta, asociada a la tradición poética japonesa. Un referente es Jorge Carrera Andrade y sus microgramas, en este tipo de poesía se trata de establecer la imagen poética en pocas palabras, reducir el mundo/entorno social a la mínima expresión. El simbolismo como eje constructor de espacios en blanco; cesuras al modo de la poesía clásica española.

Pero no debemos olvidar lo que representó para el silencio en la poesía latinoamericana poetas como Octavio Paz y Alejandra Pizarnik, próximos a la poética de Vicente Robalino. Las imágenes son recurrentes en lo vacío, en lo abstracto del color blanco, de la ausencia, que es el color de lo espiritual. En el caso del libro “La invención del cielo” de Robalino, publicado en el 2008 la metáfora en el poema camina entre el verso breve (color blanco: ausencias) con los temas de la levedad, el misticismo, el silencio, en tono romántico hacia un ser solemne:
  
DUDA

Qué color tendrá tu soledad mañana
Te esperará ensimismada en la butaca
Como un gato empolvado de costumbre.

En este poema, Robalino mediante las imágenes literarias medita entre el enunciado metafórico creando un carácter icónico, visual. El despojamiento de los signos de puntuación establece el diálogo con un ser, con una nada que habita al otro lado, en el silencio.

En la introducción, Vicente Robalino asevera: “…un poema va más allá de lo dicho para convertirse en un eterno querer decir”. Si bien, en un poema no se puede contener toda la vastedad de la experiencia humana, en las palabras si se puede generar varias significaciones, y siempre, en cada lectura se generará un eterno querer decir.

Robalino dice: “Fuera de la escritura no hay más que vacío o una realidad que, por sí misma, es pobre” entendiendo que la búsqueda del verso en el poeta devela un transitar de éste en el mundo.

En el poema Hacia una extraña sombra que da inicio al poemario dice:

“El patio huye como animal herido.
Vuelan los días hacia una extraña sombra”

Desde luego en este poema, el eros se sitúa en la ausencia del devenir, pero también se une una imagen religiosa. Además, los recuerdos, el pasado son asimilados mediante el dolor de la memoria, un silencio que comienza a retorcerse en la imagen del poeta, es aquí que esa búsqueda del poema al ser humano le pone en la tensión de descubrir su mundo.

En Vicente Robalino, la metáfora de la memoria aparece como un ojo cercenado: “Me veo en ti Dios/ para que consumas mi fin y tu desgracia”.

Está claro que, si bien La invención del cielo, de Vicente Robalino, se adscribe a la poética del silencio también se debe insistir en que esta poética tiene varias posibilidades de lectura: lo amoroso, lo irónico, lo cotidiano, el olvido, por nombrar algunas. Porque la propuesta de mi lectura no es en rigor el silencio, sino que en este silencio pululan lugares, objetos, y cuerpos.