sábado, 15 de octubre de 2016

Hacia una poética de la desmemoria: Reflexión en torno al libro Códices de la traición


Portada del libro editado por Mar Abierto

¿Cómo enfrentarnos a la curiosa llave de la que tanto hablaba Borges? ¿Cómo espantar los miedos que conlleva aquella palabra olvido, eco reminiscente de lluvia muerta? Habitando esa ausencia, abrazando la presencia tardía y lejana. Transformarla en conocimiento. Habitar esa ausencia y enfrentarse al poder que todo lo convierte en olvido, en falacia. Por eso, el habitar esa ausencia hace que generemos una escritura del olvido, que ejerzamos la práctica de la memoria como la lucha ante el poder, que intenta dominar nuestros cuerpos, nuestras mentes, pero también quiere ejercer control sobre lo que leemos. Qué importante se hace, en estos duros momentos, habitar la ausencia, porque así daremos a nuestro discurso memoria, que conllevará a relato, a una escritura del olvido, a una poética de la desmemoria, porque de los retazos de historia, el quehacer literario generará un saber, que dará luz a esta lacerada identidad.

Pero ¿cómo formamos identidad, dentro de la crisis de memoria que sufrimos en la postmodernidad? Me atrevo a decir por medio de la (re)construcción de la memoria histórica-cultural, la que va más allá de recrear actores sociales e historias concretas, la que no interviene en los pasados science fiction o esas memorias que en su interior guardan referencias culturales mediatizadas. El kitch como parte de un imaginario colectivo mundial. Ante esto, la labor del escritor es preponderante en generar una (contra) escritura decisiva. Recuerdo versos del poema Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda: “¿Qué harías si tu memoria estuviera llena de olvido?/  Todas  las  cosas  son  transparentes: cesan  las  escrituras  y cae lluvia dentro de los ojos”… La labor del escritor es romper la agonía del vacío, donde se establecen las fauces del olvido, que ha llevado el exceso de memoria instrumentada, la que no permite al ser humano actuar, pensar, y re-crear cada episodio.

En este terreno reflexivo se inserta la novela Códices de la traición, del escritor Gino Martini Robles, novela, que en base a dos personajes antagónicos: Eloy Alfaro y Leonidas Plaza, intenta desmenuzar cada hecho del pasado y relatar, objetivamente, la desmemoria de un hecho trascendental en la construcción de esa memoria histórico-cultural.

La novela está integrada por tres partes indisolubles: Leitmotiv, Códice del General (La pluma del cóndor), y, Eloy Alfaro y Leonidas Plaza (Pasión y traición).

En la primera parte, el Leitmotiv, Gino Martini, intenta explicar las razones del porqué publicar Códices del General, utilizando la primera persona bucea su experiencia del desarraigo de la patria que lo vio crecer, y siente en la ausencia la destrucción de los ideales de libertad que aquejan a su pueblo. Intenta conciliar memoria y olvido:

“Habitualmente se insinúa que los poetas y escritores nacen de la desventura y de los tormentos espirituales. En los momentos en que escribo, mis tormentos son mucho más acerbos que los de cualquier otro.” (pág. 18)

 Junto a Patricio Lovato y Gino Martini, autor de la obra


Desmitificar a la historia como mera representación del pasado. Un error en que la historia se ha quedado sumergida, error que acarreamos los maestros de secundaria y seguimos llevando en los estudios universitarios, el “memorizar” hechos del pasado y trasladarlos a un papel, llámese prueba o trabajo escrito. El incurrir al hecho del pasado como mero hecho individual y no comprendiendo que la historia es una creación social; en palabras del sociólogo francés Maurice Halbwachs, “la historia es un lenguaje… una creación colectiva”. De este modo, labor del historiador es recordar y, al mismo tiempo, recrear un marco social. Gino Martini Robles lo entiende y escribe Códice del General (La pluma del cóndor) desde esa lógica. Para esto emplea estrategias narrativas preponderantes. Intercala la primera con la tercera persona para objetivizar la ficción literaria: Un narrador omnisciente, testigo de la travesía de nuestro personaje, a través del tiempo, su infancia y su recorrido por el tren (símbolo de libertad y esclavitud); pero también, el narrador autobiográfico que dialoga con el lector sobre los acontecimientos que generaron su paso por el mundo. Esto en códices que él deja como testimonio.

Ejemplos:

“En la habitación contigua, los detenidos encabezados por Eloy Alfaro, a través de una frágil pared de enquinche, escuchaban en silencio el juicio y la lectura de la sentencia: “Dieciséis años de prisión y la deshonra. Despojándolo de su grado militar”. La causa: “Alta Traición a la Patria”. Montero protestó, no se consideraba traidor. En los bajos del Palacio de la Gobernación, el populacho pretendía subir entonando: “¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte al tigre de Bulubulu!”

También:

“– ¡Ah, los hermanos! Tiempos aquellos los de Montecristi, en los campos, en el cerro, el centinela, la escapada a la cascada de “la papayita” y el baño con la refrescante agua que cae desde lo alto del cerro. En la finca, la montaña. En la mar las ballenas con su inmensa joroba y las preciosas spondylus en la isla de La Plata-.”

Gino Martini no deja cabo suelto en su relato, vincula al personaje con la época en que vivió, pero sin dejar a un lado el género literario al que pertenece la novela. A decir de Lucien Goldman “existe una homología rigurosa entre la forma de la novela… y la relación cotidiana de los hombres con todos sus elementos” (Goldman en 14 novelas claves de la literatura ecuatoriana. Sacoto: 37)

El relato tiene una trama lineal. Inicia con una negación: “¡Ya no soy yo! Escribe el General Eloy Alfaro, presagiando que en la orilla de su vida ya no hay verdades para él…” así la narración va desatando hechos poco conocidos en la vida de Eloy Alfaro. Su niñez y juventud. Sus primeros pasos en la consciencia política. Sus primeras estrategias y sus primeros enemigos. Su vida en la cárcel. La llegada de García Moreno al poder. Su incesante lucha: el tren, símbolo de libertad y ensimismamiento en uno mismo. La vejez.

“Las vías del tren corren paralelas al torrente de un río y las pendientes se elevan, anunciando los prolegómenos andinos. En el exterior del vagón se divisa una cada vez más angosta depresión de escarpadas inclinaciones predominando cumbres de quiméricas siluetas. El General lo percibe con el continuo bamboleo del tren, que no le consiente prender un cigarro para combatir el frío. Los oídos han empezado a taponársele y va sintiéndose aislado de toda sensación. Solo cuenta con su memoria para reconstruir su pasada y azarosa vida.”

Códice del general, tiene un epílogo donde relata la muerte del General, pero también da una pequeña semblanza de los logros del Eloy Alfaro. La novela finaliza con la frase inicial, en voz del protagonista: “¡Ya no soy yo!... Soy el pueblo”.

La tercera parte, Eloy Alfaro y Leonidas Plaza (pasión y traición), tiene como escenario Quito, la ciudad capital, y a dos personajes; Eloy Alfaro, Presidente Constitucional del Ecuador, y su antagonista, Leonidas Plaza, que en los círculos capitalinos fue visto como un espía, pero también un ser humano alegre y vivaz, que conoce todo sobre Alfaro.

Interesante del relato, es como Gino Martini conflictúa a los dos personajes, dentro del territorio de la pasión y traición (simbolizados en el imaginario del poder). Eloy Alfaro cuidando el poder desde Quito; y Plaza, atacando desde Cuenca. Pero también, la primera Asamblea Constituyente, que da inicio a la doctrina liberal.

La narración de Martini tiene valores grandes, una de ellas es rescatar el dicho quiteño: “Reconoce Alfaro, en relación a la promesa de Plaza, a la cual sus amigos la llamaron El juramento del Panecillo. Aseverando que Placita quería mantener las manos en la masa”. Todo esto, en contextos importantes, como el negocio de Alfaro con Archer Harman, para la construcción del ferrocarril, el hilo conductor de esta narración. El ferrocarril como libertad y condena.

Dejo un terreno abierto para la lectura y la reflexión que desde este libro se haga. Y este Códices del general, como poética de la desmemoria, deja sentado un debate en los temas culturales y políticos, porque hay que entender que la memoria, como reflexión social, genera una batalla ideológica grande en momentos de olvido.


(Este texto fue leído en la presentación del libro, Códices del General, en la Feria del Libro PUCE, 2015) 

1 comentario:

  1. Continua reconstruyendo la memoria. Sigue creando... Un abrazo.

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