jueves, 26 de julio de 2012

A cambio de monedas o palabras

poemario de Franklin Ordóñez Luna


El problema principal con la sexualidad es que no la logramos entender. En la actualidad, tratamos de aceptarlo entendiendo que la heterosexualidad no es el único paradigma en el Ser Humano. La homosexualidad ha generado un interés en dialogar con el otro. En desear al otro. Es el otro que instaura instantes percibidos, y así invoco los versos de Franklin Ordóñez Luna: “Eres pan y vino,/ el madero donde crucifico mi sangre”, unificar la idea judeocristiana, o el posible ritual del cuerpo de Cristo para engendrar diálogo con un ausente, lleno de pasión.

Y es común caminar entre las calles y ver a personas mostrando sus diferencias: rockeros, punkeros, hippies, hombres con corbata, mujeres con faldas, pero alguien se ha preguntado sobre sus pasiones hacia la carne, la voz lírica de Ordóñez ingresa en estos recovecos: “Se esconde tras la puerta./ Como reptil, acecha. Clava sus colmillos en mi vientre”, en estos versos se exploran tensiones, lo abyecto de un sistema donde se rige lo “heteronormativo”. Y también es común subirse a un bus, atestado de gente, donde los cuerpos se rozan; los labios son uno, y nadie comenta sus debilidades sexuales. También es común mirarse a los ojos, desear en nuestro inconsciente. 

“El hombre va tras el adolescente,
lo agarra entre las olas. Le desgarra el traje de baño;
con fuerza lo penetra.
El chico siente como el sol se hunde en sus aguas…
qué importa la muerte y sus juegos,
quizá la gracia de la vida está en sus travesuras violentas”

En este poema existe la posibilidad de una ruptura al esquema normativo de la sexualidad, un juego de ruptura sujeta en medio de la norma. En el otro, una radical oposición a la identidad. Octavio Paz, en su maravillosa El arco y la lira notaba algo singular: “El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre”; y eso lo entiende Franklin Ordóñez, en su A cambio de monedas o palabras, la literatura como lugar donde dialogan y coexisten las posibilidades de amar del ser humano. Estos versos ingresan a la Literatura Queer, porque trata de perpetuar un nuevo corpus donde se trata de comprender las pluralidades de la sociedad, entendiendo que el cuerpo es noción de deseo.

Además de lo anotado, el poemario es búsqueda, transtextualidad; aparecen como aguas invocándose a sí solos, James Dean, Genet, Mishima, Pessoa, David Ledesma, Sade ayudando al yo lírico en la posesión de la belleza: “Que en tu daga no escampe la sangre,/ que mi piel sea tambor de tus melodías, Yukio Mishima”.
Incesante la palabra sangre es tratado en el poema como dolor, pero también como liberación: “yo prefiero las cadenas de tus labios,/ tus manos como garras, tu esperma por mi sangre”. 

Un poemario bello, diferente. Versos cortos que detallan finura. Caracoles de Jorge Carrera Andrade, vinculados al cuerpo y a la felicidad: “Con tu semen y tu sangre escribe en mi rostro la filosofía de Sade: Mientras yo sea feliz, lo demás no importa”.

Leamos este libro, y no lo cerremos, que en la fiesta de la poesía no intervienen cretinos. Gratificante lectura


martes, 19 de junio de 2012

No es dicha, la posibilidad de un comienzo

La palabra poética posee diversas significaciones, así un libro es un mundo distinto, soledades que vagan en ciudades profanadas de alcohol. Así nuestra poética contemporánea que evade cánones, poetas de auditorios, o los muchos malditismos que se propagan en concursos, se mediatizan, pero la dicha de leer poesía es cuando se percibe desde la cotidianidad; sea un bar, un parque, un estadio de barrio, un concierto de rock, tal vez nuestro hogar; poética, que desde espacios silentes, rompe la racionalidad y genera evocaciones en el instante de reproducir la vida. 

Y tomo este concepto de cotidianidad para hacer una lectura del poemario de Juan Secaira (Quito, 1971), quien ha ido tejiendo una urdimbre de significados, desde la psicodelia de una ciudad abstraída en alucinaciones ¿Qué temor existe al articular en palabras la no dicha del vivir? 

En los versos iniciales, Secaira, nos dice: “El estampido nos movió/ las ventanas se vistieron de sangre/ cunetazo limpio, sordo/ yo, tres años de edad con el presente roto…” ¿Acaso el pasado en el poeta genera tormenta, acaso el pasado es una casa deshabitada, donde el poema ingresa con paso sigiloso a reordenar su conciencia, acaso la dicha del vivir es destruir a fantasmas dolorosos, ajenos en el tiempo? 

El poema, por herencia, niega la historia, pero es historia en sí mismo: “Un vodka me susurra mejores palabras que la madre que/ nunca tuve/ en el estrecho universo creado por mi precoz demencia” y este negar la infancia en el presente es adquirir la percepción de que el poeta es más que tránsito en su paso por el mundo, es vicio donde lo palpable naufraga en la existencia. 

Mientras leo a Secaira rememoro el dolor de Kafka, el dolor de sobrevivir ante la negación del mundo: “para colmo un bicho triste/ vuela entre las/ lámparas”; o en este verso: “Aquellos niños borronean obras de arte con sus lágrimas”. 

El dolor en No es dicha está simbolizado en la imagen del padre y la madre, en sus ausencias, cito los siguientes versos: “Mi madre me pregunta/ ¿Por qué eres tan enfermo?”; “Mi padre me grita/ un ogro a cabalidad”; “Dicen tu madre está loca/ ha sido capaz de vender todo y transmutar/ gritando y gesticulando plegarias/ mientras consume pastillas”… Siempre estas imágenes al inicio de cada poema, para luego en su peregrinar por las palabras construyendo ciudades cotidianas, urbes barrocas, anocheceres roídas de misterio, charcos habitados por desdichas. Ciudades donde el pecado se hace visible, y Juan Secaira lo hace conciente, este conflicto entre el deseo y el dolor de vivir se resuelve en la memoria, esta ciudad llena de fantasmas y de sueños que termina siendo una despedida. 

Este es el mundo de No es dicha, la antítesis entre la ausencia de un ser en el mundo con la dicha del vivir… construyéndose en poesía.

martes, 5 de junio de 2012

POPEYE'S SEA,

o el encuentro de dos cuerpos ¿y el mar...?


Popeye's sea, nueva muestra poética de Agustín Guambo (Quito, 1985), publicado por el Grupo Editorial RAS, del Perú, un libro que se debe leer con ojos cerrados. Ojos enterrados en alcohol. Ojos oprimidos de lágrimas. Ojos encallados que nos ayuden a ingresar a las desdichas, porque "lleva (mos) el rastro de sal en los ojos"; aquí donde radica la ternura. Y así nos presenta sus personajes: Popeye y Olivia (saga clásica infantil, donde el amor enfrenta dos bandos; el fuerte y el débil, por alguna extraña razón triunfa siempre el débil).

Dos caminos nos devela este libro; el primero, la búsqueda del amor, este amor convertido en aguas nostálgicas de mar "El mar también puede ser una mariposa triste", y ¿qué le hace ser al mar un niño ?, quizá el frío de la tarde, los vientos que soplan del norte, la playa, quizá los ojos divinos con que divisamos las aguas saladas, ajadas, enorme despliegue donde naufraga un buque desconocido; el mar donde descansan cartas incrustados en botellas de enamorados. El mar, un pájaro extraviado; la arena, beso indestructible, que en su cuerpo mantiene corazones dibujados con palos desvencijados... El mar un personaje náufrago: Popeye no entiende la soledad de las olas; o sino este verso: Ven Olivia miremos el fósil del mar que promete días mejores...

El segundo camino nos remitirá al viaje épico, al viaje hacia el inframundo: Adiós Olivia Katábasis haré por ti... Recordar a Orfeo ingresar a esos recovecos para salvar a Eurídice, y llevarle de nuevo al mundo de los vivos, al mundo del sufrimiento. Agustín termina con este verso: el mar ya no significa nada... Habitamos la soledad, pero también habitamos el amor, o no fue Odiseo que por el amor de una mujer pasara 10 años luchando contra lo externo. Entonces este libro de Agustín Guambo une la Katábasis, desde los oscuro y sombrío a la luz.

Un poemario tierno, pero con algunos ajustes por hacer, nombro algunos, soledad de las olas/ piensa tan solo; encallado/ encallada/ enraizada/ enraizada, unidos muy de cerca en el primer poema. O este error: debías venir ayer/ llegaste hoy.

Pero seguro Agustín Guambo seguirá en su trabajo poético, y Casa de Soledad le envía suerte en este duro, pero hermoso trabajo de la poesía, porque Popeye´s sea vagará como un eco entre los huesos...

Poemas:

V
Tus besos
se desvanecen en el aire
en tus labios descansa mi alma
así debe sentirse el mar
cada vez que el viento
baila sobre su cuerpo

XI
Arena,
quedará de ella y de mi
después del amor
Arena,
en la que otros cuerpos
hundirán sus huellas...

XII
anarka la memoria
vaga sin sentido
apestando,
errando, va y viene de su cofre
matando
un segundo
un minuto
tu nombre...
 

domingo, 18 de marzo de 2012

¡Y quién dijo silencio!



(Recopilado por Cristian López Talavera)


¿DEL POR QUÉ LA POESÍA?



En algún instante escuché que la poesía no es útil para nadie, asentí en que tenían razón. La poesía, simplemente, se radica en el elemento primordial para la existencia. Como esa agua que nos moja y luego se retira, nos ayuda a sentirnos vivos. Y nuevamente, reafirmé que la poesía carece de utilidad, excepto para quienes nos adentramos en su tinta y no salimos nunca de ella, nos iluminamos de sus letras que comienzan a hablarnos y transportarnos por parajes imaginados en una embarcación que se va con nuestros rostros y nos deja una máscara, ahí radica la magia del poema, sustituir constantemente esa careta sigilosa que nos transforma constantemente. Como esas prodigiosas aguas de Heráclito, manchándonos en líquido vital.


De ahí que esta muestra de poesía tome el nombre de: ¡Y quién dijo Silencio! porque es en el silencio donde el poema va tomando forma. Desde una llamada de los dioses, quienes nos enlazan la primera idea para luego abandonarnos en el constante trajinar de la existencia.


DE ESTA MUESTRA ANTOLÓGICA


Lógicamente, toda muestra de poesía es parecida a un verso: está cargada de una alta dosis de sensibilidad, por lo tanto no tiene certezas. Entonces, ¿cómo leerla? En primer lugar, desechando la idea de que es una enmarañada recopilación de poetas. Segundo, que es una muestra de escritores que han trabajado bajo tutoría de taller, por lo tanto son versos iniciales, cada uno inmerso en estas celosas páginas que son aprendices de brujo en busca de una voz propia que devele el campo creativo por donde están sus búsquedas complejas, sus variadas reflexiones, temores; esos rostros distintos que semejan estrellas sonoras convirtiéndose en versos, que reflejan la complejidad de la época que habitan.


Entendiendo que este libro no quiere ser una certeza debe leerse como una muestra de poetas jóvenes, quienes han ido creando, en un taller literario, su generación. Tal cual lo hicieron en los años 80 varios escritores ecuatorianos, entre los que nombro Diego Velasco Andrade, Pablo Yépez Maldonado, Huilo Ruales, Edwin Madrid, Pedro Gil, quienes vienen a mi memoria en estos instantes en que la noche es un pájaro destilando miedos. Escritores que bajo el mando de Miguel Donoso Pareja hicieron sus primeros pasos en un laboratorio, para luego imantarse en grupos y revistas, e ir instituyéndose en una agrupación denominada: La Generación de los Talleres Literarios. ¿No es precisamente lo soñado por estos jóvenes poetas? Lo importante, es que (en su mayoría) no tienen publicados libros.



LOS ANTOLOGADOS


Estos poetas, que van desde los 20 a los 40 años de edad, tienen algo en común: forman parte de talleres literarios, tal como el de Diego Velasco Andrade en la ciudad de Quito; y el de Augusto Rodríguez, en la ciudad de Guayaquil. Vates ensimismados en crear una poética dinámica, construcciones meditadas por el grupo, lírica comunicante. Poemas que están sembrándose para el futuro inmediato.


¡Y quién dijo Silencio! es una propuesta neovanguardista. Varios trabajan la metáfora, como una herramienta estética, cargada de sensualismo y simbología. Todo esto en un país donde la poesía ha estado en un frasco cerrado, donde las innovaciones artísticas han sido desechadas por un grupo selecto de “amigologos” que “dicen” dirigir la poética ecuatoriana.


LA NECESIDAD DE MOSTRAR LA PANORÁMICA DE LA ACTUAL POESÍA ECUATORIANA


El mencionado país es selecto en la palabra poética, desde los tiempos del periodo precolonial, la cultura oral significó los primeros indicios de reflexionar nuestra existencia. Nombres como el de Juan Bautista Aguirre, con elementos gongoristas, crea lo que se denominan Ramilletes Poéticos, pero no es una lírica propia, la voz la dan los conquistadores, específicamente la Iglesia como institución esclavizadora. En épocas de la Independencia tenemos los ovillejos, especie de graffitis, poemas pequeños que tenían un objetivo panfletario más que estético. En aquellos días surgen nombres como José Joaquín de Olmedo y su poema épico: Canto a Bolívar.


No será hasta la aparición del Modernismo que la poética ecuatoriana reflexiona acerca de innovar las propuestas. Nombres como: Medardo Ángel Silva, Humberto Fierro, Arturo Borja y Ernesto Noboa y Caamaño, denominada la Generación Decapitada, esto dado por el ensayista Raúl Andrade debido a sus fallecimientos en edad temprana, y con ideas extraídas de los simbolistas franceses, cimentan poemas alegóricos a la muerte, al dolor, a la nostalgia; estetizadas en la musicalización, varios de los trabajos de entonces han sido recreados en la música popular.


En esta época, el vanguardismo europeo comienza a tomar eco en un poeta ensimismado en su soledad, quien se embarcó en su motocicleta para sumergirse en lo que sería la innovadora creación, que publicó su primer libro pasado los 80 años, Hugo Mayo (1897-1988), un año mayor a Medardo Ángel Silva, devela que en la poética se pueden asociar varios métodos experimentales (Surrealismo, Creacionismo, Cubismo, Dadaísmo). Posteriormente, en Riobamba aparecen nombres importantes como Miguel Ángel Zambrano, Miguel Ángel León, quienes inscriben universos de su cosmovisión a lo vanguardista.


Pero será hasta la aparición de Jorge Carrera Andrade (1903-1978), quiteño de nacimiento, que el nombre de Ecuador refulgirá en la poética vanguardista. Además, con sus microgramas, comienza a reordenar el universo. Esto sucede por el año de 1940, luego de viajes por países asiáticos. Es en esta etapa cuando el mencionado poeta, al igual que José Carlos Mariátegui, reflexionan sobre la dicotomía: Ser Humano-Naturaleza. Luego de este importante nombre en nuestra literatura, continúan poetas como Gonzalo Escudero, Augusto Arias y Alfredo Gangotena, vates que desarrollaron su trabajo en las afueras de nuestro país.


César Dávila Andrade constituye un nombre importante, la poesía ecuatoriana toma un nuevo giro, sale a la luz “Boletín y elegía de las mitas”, la denuncia, el problema del indígena son los nuevos temas de nuestros poetas. Luego, surge el grupo Madrugada, poetas como: Enrique Noboa Arízaga, Hugo Salazar Tamariz, Edgar Ramírez Estrada, Jorge Enrique Adoum, Efraín Jara Idrovo, poetas que vivieron el cambio de contexto en nuestra América. Vallejo y Neruda serían los exponentes en este periodo creativo.


Pero no es hasta los años sesenta donde aparece el resurgimiento de la poética ecuatoriana, donde los conceptos se fueron transformando, se desestructuran los cánones obsoletos, el romanticismo inocente y burgués, surge el denominado Parricidio. Nombres como Raúl Arias, Alfonso Murriagui, Ulises Estrella, Euler Granda, Humberto Vinueza (quienes conformaron el grupo Tzántzico); y en Guayaquil, Rodrigo Pesantez Rodas, David Ledesma Vásquez, Ileana Espinel Cedeño, Sergio Román Armendariz (conformaron el Club 7 de poesía). Estos dos grupos significaron el acceso a la reflexión política, estética, a una poética de compromiso social, sin dejar a un lado el existencialismo, que cada día se hunde más en las aguas negras de la historia.


Luego, vendrán nombres como Julio Pazos Barrera (Premio Casa de las Américas, en 1982), Violeta Luna, Fernando Artieda (guayaquileño con una poética de surgimiento dialectal importante), Bruno Sáenz Andrade, Hugo Jaramillo, Iván Carvajal, Sonia Manzano, entre los más importantes, poetas que tienen un compromiso esencial con el lenguaje. Aparece el distanciamiento con el pacto social y crudo de los Tzántzicos para develar la imagen poética como fuente vital en el lenguaje.


LOS TALLERISTAS: PRODUCCIÓN DE UNA NUEVA Y VITAL POESÍA


Quizá los talleres literarios enhebraron escritores con variadas posibilidades, los que ingresaron al canon y los que siguieron el parricidio propiciado por los Tzántizcos. Y es bajo la tutela del escritor Miguel Donoso Pareja, que con metodologías innovadoras generan nuevas voces y nuevos ejercicios esquemáticos, tanto en la poesía como en la narrativa; nombres como Jorge Martillo, Víctor Romero, Fernando Balseca, Mario Campaña, Diego Velasco Andrade, Pablo Yépez Maldonado, Margarita Lazo, Fernando Itúrburu, Pedro Gil, Roy Sigüenza, Vicente Robalino, Galo Alfredo Torres, Alfredo Pérez Bermúdez, nombres que todavía cimentan la palabra poética.


Pero es el caso de Edwin Madrid y Diego Velasco Andrade quienes mantienen (en Edwin Madrid terminó un ciclo con escritores del grupo Machete Rabioso) activos los talleres literarios; el caso del segundo es por quien surge esta Antología. Los nombres son varios: Carmen Jaramillo, Ives Cadena, José Acevedo, Sonia Cruz, Ximena Flores, Marcelo Recalde, Deysi Vela, Edison Navarro, María Fernanda Vinueza, María Belén Obregón, Jorge Villavicencio, Santiago Quelal, Galo Toapanta, David Acosta, Pablo Flores. Poetas que varían en edad, pero en conjunción sus problemas son similares: el sexo, la muerte, el silencio, la creación, el yo poético y comprometido. Reflexiones que han ido tomando eco en poetas jóvenes.


Esta conjunción de temáticas se han asimilado con talleristas del poeta Augusto Rodríguez: Beatriz Viteri, Xavier Hidalgo, Luis Alberto Bravo, Andrés López, Dina Bellrham, Laura Nieves, Lis Quezada, Adolfo Santiestevan, Lucero Llanos, y Geovanni Bayas, quienes forman parte del taller El Quirofano y han ingresado con solidez y buena poética en varios festivales literarios del país. A estos nombres sumo tres, a quienes encontré en bares, por medio de internet o en aulas universitarias: Marco Manotoa, Fernando Tituaña y Danciso Toro.

domingo, 4 de marzo de 2012

MINIMAL 2,




Desde aquella despedida/ tan indiferente/ como la luna del alba,/
nada m
e es más doloroso/ que el amanecer…
(Mibu-no-Tadamine (867-965) tanka japonés)

Decía Julio Cortázar en su maravillosa Rayuela, que un ser humano es tan triste porque todo en el mundo es tan hermoso, frase en que me he desarrollado para sumergirme en la teoría del micro cuento que la editorial Alquimia nos presenta, como parte de los ejercicios del Taller de Literatura de la Casa de la Cultura.

Pero ¿cómo nace la escritura minimal? Todo desde el sentimiento poético. Este sentimiento colmado del profundo amor que la cultura asiática promovía a la naturaleza, este amor era algo vivo, algo que no permanecía estática, al contrario, iba y venía, como en un círculo vicioso, una comunicación entre ser humano y naturaleza; así se artículo las primeras expresiones literarias de este sorprendente pueblo nipon.



Los orígenes están dados en la poesía entrañados en los testimonios épicos, pues la mitología formó parte de su cultura, y es como se va concretando la poesía llamada Tanka o waka, se remonta al siglo VIII de nuestra era. El tanka es el poema clásico, es el vehículo de comunicación de la cultura nipona, eran versos desprovistos de rima, con una fórmula invariable de 5,7; 5,7, una muestra: El color de las flores,/ ¡ay de mi¡ se ha desvanecido;/ en tanto que sin meta/ he contemplado/ mi paso por el mundo(Ono-no-Komachi). Este poema nos devela la soledad por la que atravesaba este ser humano, la cuestión existencialista que más tarde tomarían como tema varios escritores, el problema de la muerte, el amor, la soledad. Poemas mojados de tristeza…



Es en el siglo XV en que aparece el Haiku (los españoles y la academia lo denominan haikai), que es un poema de 17 sílabas, representada en una fórmula de 5,7,5 versos. Su escritura es más libre. Matsuo Basho es el representante más conocido en este género: Despiértate, despiértate,/ habrás de ser mi amiga,/ mariposa que duermes… este es un ejemplo de lo hermoso que llega a ser haiku.

Y es en este contexto en que aparece el decir cosas hermosas en pequeñas palabras. Este pacha en que se conjugado el universo. El tiempo que se reviste de nostalgia. Este tiempo en que nuestra Pacha mama ha estado en un constante abandono. Es así, que el poeta Jorge Carrera Andrade inicia, con sus preciados microgramas, la idea de dar un orden a esta naturaleza, desde el hacer un largo camino por lo místico nos revela una naturaleza cargada de unicidad con nuestro centro. ¡Y vaya que lo hemos aprendido!



¡Qué te parece si nos vamos a volar una cometa! Tú con una violeta, yo con una naranja.
Y dejamos que nos despeine un poco el viento. Fue mi primer mensaje en su muro. Le pareció interesante la propuesta. Ahora lo espero un poco nerviosa, pues ansío ver por primera vez su sonrisa desmantelada.



Esta unión que Andrea Martínez realiza mediante el Pacha tiempo con la postmodernidad, esta nostalgia de esperar una sonrisa desmantelada, propio de un tiempo nefasto, triste.



Varios temas circulan por este minimal. La muerte como primera instancia, este tema en que toda literatura ha reflexionado. El símbolo del morir, el existencialismo, el absurdo, la Generación decapitada, el Romanticismo, por nombrar, aquí extraigo el final del cuento Acepta mi despedida:



“Ahora, solo permíteme pasar mi mano sobre tus párpados, y cerrar aquella mirada confusa. Atravesaré las rejas ya sin color, oxidadas; el sepulturero hará el resto”. El resto, quizá los amantes de sumpa, aquellos que se entregaron en un abrazo eterno. Aquellos que sobrepasaron a la muerte, y se entregaron en un beso.



El feminismo, tema en que la época lo ha determinado como algo importante, algunos creen que este tema ha estado manipulado a ciertos intereses y que fracasan en su desarrollo por ese estatismo, por esa creencia de que la mujer está por encima del hombre, pero en el caso de Diana Herrera, su feminismo abarca problemas sociales, propios de la juventud:



“Todo se pintó claroscuro. Yo deliraba, mientras trataba de definir algunas sombras, solo vi la imagen... en su vientre se incrustó una obsidiana, en sus brazos un arpón y un ancla en la cabeza... Pero, huyó como una rata, juntando sus piernas en la escalera…”



La soledad, carga poética importante: “Esta es la historia de un hombre-mascota que vivía en una isla diminuta, dentro de una botella” nos dice Énver Álvarez, en: En el hombre de la botella. Escrito que tiene una dosis alta de subjetividad, conoce su oficio y lo maneja adecuadamente.



La metaliteratura, aquella que habla de la propia literatura, que con sorna reflexiona sobre los temas dados en esta: “Cuando despertó el dinosaurio se había comido a Monterroso”, con una burla hacia los maestros de la literatura.



Este minimal II es una oportunidad de acercarnos al género. Felicito a la organización y sé que seguirán adelante en este constante mostrar de nuevos escritores. Salud por ellos.

domingo, 26 de febrero de 2012

LIBRO DE ALEXIS CUZME:

Con los dedos afilados apuñalo
desde la nada



1. EL POEMA ALLANADO





Quizá, Alexis Cuzme haya encontrado la verdad en su discurso poético, lo asevero temiendo una equivocación, con todo me atrevo. Esta afirmación lo realizo luego de una relectura de sus poemarios que anteceden a Rituales del Ego: Club de los premuertos y Bloody City, que valga este espacio que Alexis me ha concedido para recordar versos de estos poemarios:



“Nadie en esta esquina
Soportará el poder del amor,
Tolerará la intromisión
De un pelele sin ficha/
Ni aporte
A la causa
De la nada por la nada…”


Bloody City pp. 46



Como también,



“Inicio breves pasos,
El círculo ahonda,
Y entre tu voz
Tus palabras
Y la nada
Me atrapo en un limbo infuncional.”

Club de los premuertos pp. 26



Si bien, el personaje de estos poemas convierte la escritura en una búsqueda por comprender al ser humano, desde una nada, donde habita la cotidianidad: los sosiegos; el poeta, también convierte a esta escritura en un testigo de una realidad falsa, infuncional, carne molida, nos infiere un lenguaje directo, intimista, duro, pero a su vez tierno: “deambulan mis huesos/ perdidamente entre estos callejones…” (tu cuerpo es la barrera), de ahí que nace el Alexis Cuzme descriptor de su propia realidad, aquella que le seduce, que le violenta, y como una música que desgarra inicia Rituales del ego, con un tono reflexivo, desafiante:



“Soy la causa,
el motivo hiriente
de tu lucha,
el presente y futuro
de tus problemas,
el caos
la irracionalidad

[…]ante mí no puedes



Escritura que nace desde esa irreverencia juvenil, seducida por el rockandroll de los rolling stones, de los motley crue, o de aquellas silenciosas soledades donde mora la ciudad de dios, en Sodom. Discurso transgresor de las normas sociales, testimonio único y seductor de su propia revolución: “Brotamos en el centro de la manada,/ y no negamos repugnarlos”, manifiesta en el poema Indignos.

Pero esta poética que ha estado ligada a escritores como Raúl Arias en Quito, Pedro Gil en Manta, Jorge Martillo en el Manso Guayas, donde el tono contestatario, gótico, violento, empírico y crítico llegan a constituir procesos para la conciencia social. Versos que cuestionan paradigmas dominantes; en el poema Idolatría realiza una desestructuración de la mitología Judeocristiana, desenmascara, cuando apunta: “Qué te quedará/ cuando la estatua se resquebraje/ cuando la cruz niegue su forma/ cuando la estampa se calcine…”. La palabra en Alexis es ese ejercicio de blasfemar, decantar el asombro, desafiar.

2. Soy un dios:/ de mí/ en mí. LOS RITUALES DEL EGO

Clarice Lispector, en su obra La hora de la estrella, reflexiona sobre el papel de la escritura y del egocentrismo: “Pensar es un acto. Sentir es un hecho. Los dos juntos son yo que escribo lo que estoy escribiendo. Dios es el mundo…”. Saber que el ser humano es un ser simbólico, capaz de generar mundos mediante el diálogo y la razón, pero devenidos de un pasado cíclico:

“Callaré, seré una esponja:
voraz en retención,
burda en humedad.

Y confieso:
estropeaste la balada marinera
de mis recuerdos…”

(Egoísmo)


Y es esta capacidad simbólica que tiene el ser humano que promueve un ritual de negación a la cultura en la que habita. En el poema Castigo anuncia: ¿Qué mentira añorarás/ cuando en tu cápsula perfecta/ la carne de tu carne/ extraiga engendros sin bendecir?... de aquí nace el conflicto existencial en el lenguaje del poeta, que de apoco van generando un imaginario de resistencia, claro, ligado a los acordes del metal:

Después del primer abrigo seminal
creyó que podría cambiar,
que alucinaría con frases restauradoras,
que giraría hacia el umbral luminoso
de trajes intachables…
…666 veces lo discutimos
666 veces lo reafirmé.




Esta actitud que Alexis Cuzme asume en su discurso poético, antirretórico, de negación, se desarrolla en poemas de verso libre, alimentado de palabras fuertes y coloquiales, sin dejar de lado las imágenes lastimeras, propios de un ambiente oscuro: “Chilla, niña enferma,/ chilla por las horas de las horas/ chilla para que tus lamentos/ despierten de una vez a los vecinos espías”. Como se puede apreciar, en esta poesía no existe aliento fresco, no hay paz, solamente sismos que cuajan en corazones friccionados en desnudos clavos.

Varios son los temas que atraviesa con esa luz Alexis Cuzme el poema: Soledad. Angustia. Amor. Destino. Para el poeta las palabras son hormigas que se devoran en instantes, y en esa devoración arribamos al cuerpo del Ritual:

“Cada vez que aseguraste la palabra ajena
condenaste pómulos a la barbarie”

(Condena)

“Hace poco
se escuchó el último ruido de la búsqueda,
desde entonces
murmullos y oraciones
planean del otro lado de la roca…”

(Sin temor)

Son en estos versos en que Alexis Cuzme alcanza la rigurosidad en el poema, Alexis realista, Alexis crudo, Alexis filósofo. En estos poemas que son construidos a mano y corazón nos devela un oficio de rescatar lo oculto, lo magro. Poemas que pueden ser lanzados al viento para que se conviertan en peces.

Este Ritual del Ego, de Alexis Cuzme, es un poemario para ser leído en noches absurdas, en noches borrachas de lluvia. Es un poemario duro, sosegado, pero a su vez tierno. Recuerdo las palabras del poeta Cristian Avecillas (en un correo electrónico que me envió) para que un poema tenga validez debe existir fe, y Alexis señala: “Desgasté y aprendí el ritual,/ desde entonces mi fe es la venganza”. Aquí el contexto por donde discurre el discurso de Alexis, y este libro es un aviso de un poema profundo que abrazará las madrugadas tristes.

Kitu – Octubre 2011

POEMAS:



Continuidad

Aunque aniquiles
la última de mis copias,
debes saberlo: volveré.

Seré le réplica interminable
reforzada e hiriente
sombra perseguidora
miseria
lamento
y final.

Jamás me iré
la continuidad vociferará,
entonces
una bala
un puñal
una soga
serán tu ritual.

La última evasión.



Sin temor

Todos los golpes
están aquí:
burbujita de la realidad quebrada.

En ella,
pequeñas vocecitas escarban con esmero
ritmo
sincronía
esperanza.

Buscan el núcleo corroído,
la idea nauseabunda y propagada.

Hace poco
se escuchó el último ruido de la búsqueda,
desde entonces
murmullos y oraciones
planean del otro lado de la roca,
mientras, sonreímos,
adheridos a la idea raptora e impía
que nos volvió los objetivos.


Castigo

¿Qué mentira añorarás
cuando en tu cápsula perfecta
la carne de tu carne
extraiga engendros sin bendecir?

Cuando descalzos, ciegos y desmembrados
enrumbados hacia la nada de un ocaso
digan su nombre en un grito único.

¿Qué harás cuando alguien más
desde un estrado con lanzas ardientes
señale el hecho, su repetición y castigo;
cuando los nombres de tu sangre
corran con la culpabilidad a cuesta?

¿Qué harás con el perdón caduco
después de haber hinchado sus ojos
en busca de pureza?

Hipócrita ovejita lloriqueante
nada sobrevive al reproche natural.

lunes, 2 de enero de 2012

ENTREVISTA AL POETA RAÚL ARIAS

para la revista Ojos de Perro Azul






Ah, poetas de mi tierra,/ poetitas de mierda/ con quienes aprendí a conocer/ una nueva enfermedad:/ la trinofobia. Así reza uno de los poemas que rompieron una etapa en la Literatura Ecuatoriana y el surgimiento de uno de los poetas más importantes en nuestra poética. Raúl Arias (Quito, 1943) militó en el grupo Tzántzico, poeta iconoclasta, con ideales de izquierda, generó una poética surrealista, que trató de cambiar el pensamiento del pensar en la creación poética. Un nuevo canto, una nueva semilla que debe crecer. Aquí un esbozo de una entrevista que Ojos de Perro Azul (O) mantuvo con el poeta ecuatoriano (RA):





(O) Raúl, ingresas al grupo Tzántzico a la edad de 21 años, cuando estudiabas en la Universidad Central. ¿Cómo fue esa época, sabiendo que el país necesitaba una renovación tanto en lo poético como en lo social?

(RA) El sentido de renovación lo fui entendiendo poco a poco, mientras estudiaba periodismo en la Central. Alrededor de 1962, había un movimiento estudiantil fuertemente politizado. Dos lados contrarios disputándose la dirigencia de la FEUE y Asociaciones estudiantiles. Como estudiante de periodismo, me preocupaba por lo que ocurría, asistía a asambleas, participaba como periodista iniciático, entrevistando a tal o cual candidato a la FEUE. Cuando presencié un recital de los tzántzicos en el salón principal de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación (así se denominaba), en la calle Chile y Benalcázar, me impactaron la forma y los contenidos. La visión o concepción de la poesía que yo tenía desde los años de estudiante del colegio Montúfar, cambiaron. Observé que había otras formas de hacer poesía y de exponerla. Conocí a Ulises Estrella, Alfonso Murriagui, Antonio Ordóñez, Marco Muñoz, Simón Corral.

Ellos ya tenían conformado el grupo tzántzico y circulaba la revista Pucuna. Leí la revista, que era comentada en todos los tonos. Recuerdo a un profesor y poeta muy interesante, Atanasio Viteri, que detestaba a los tzántzicos. Por el contrario, a mí me atrajo la irreverencia, el anhelo de cambiar las cosas. Les entregué algún poema recién producido, lo publicaron y me sentí aceptado, por lo que se inició una relación de amistad que hasta hoy prosigue.




(O) En tu opinión, ¿crees que el grupo tzántzico cambió la conciencia de hacer literatura en el Ecuador?

(RA) Creo que sí, con las limitaciones que conlleva “cambiar la conciencia”, que es una tarea enorme, que solamente se da en cambios sociales profundos, revolucionarios. Pero los tzántzicos incidían en la cultura de Quito y otras ciudades, por su actividad en el Café 77, los coloquios y debates sobre muchos temas del arte, y los actos recitantes que casi siempre levantaban comentarios de toda clase.

(O) Raúl, adhiriéndonos a tu obra poética, vemos que se amalgama de imágenes diversas, de imaginarios sociales, políticos y culturales. ¿Qué nos puedes apuntar sobre tu palabra poética?

(RA) Ciertamente es difícil hablar de uno mismo, en un tema tan sutil como la poesía. En la juventud, sobre todo, la mente está abierta a todas las corrientes literarias que llegas a conocer. Romanticismo, realismo, surrealismo, etc. Lees García Lorca, y te gusta. Lees Maiacovski y absorbes la política en dosis poéticas. Lees a Neruda y César Vallejo y los mundos que encuentras ahí pretenden atraparte. De las lecturas, sale algo tuyo, diferente, pues pones toda la potencia de que eres capaz, y ahí entregas el producto estético, que será juzgado.



(O) En los años 60 se publican tus primeros poemas en la revista Pucuna. ¿Cómo se ha desarrollado desde aquella época tu poesía?

(RA) El principio de toda creación está en búsquedas, afanes, intentos, lanzamientos. Si no te lanzas, no logras nada. Creo que he intentado crear siempre que se ha presentado el soplo vital de la poesía, pero no he sido un poeta a tiempo completo. Ser escritor en un medio como el nuestro es muy jodido. Pocos lo han hecho. La producción poética está reunida en Pedal de viento, antología que fue publicada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Prefiero que el lector diga lo que he caminado.

(O) Poesía en bicicleta se publica en 1975, libro condensado de antipoemas que condicionan al ser humano en una interiorización reflexiva. ¿Qué resultado tuvo en esa época tu libro?

(RA) Los poemas de Poesía en bicicleta fueron publicados unos seis años después de ser escritos, por lo que vemos el atraso editorial existente. Fue gracias a Iván Carvajal e Iván Eguez que se publicó el poemario. El primero pidiéndome lo que tenía escrito y comentándolo, y el segundo publicándolo en Editorial Universitaria. Tuvo un pequeño eco, en los círculos de los locos por la poesía.

(O) Constantemente en tus poemas resaltas a la palabra como un don del ser Humano. ¿Cuál es tu método, si existe, de creación literaria?

(RA) A veces surge el poema por obsesiones que se han introducido en tu mente. Vienen las imágenes, las trasladas, se forma algo parecido a un poema. Revisas, lo lees a alguien, oyes comentarios. Vas decantando la palabra, con el cedazo de la autocrítica.

No he tenido un método para escribir. Me han invadido temas, asuntos, imágenes, y he tratado de apuntarlas antes de que desaparezcan. Unas perviven, otras mueren.

(O) Siempre he escuchado que tu poesía es comunicante. ¿Qué deseas comunicar?

(RA) Todos deseamos comunicar algo, hacernos entender. Claro que no me gustó la claridad absoluta. Siempre hay imágenes, metáforas que velan la realidad, y otras que revelan. Creo que comunico lo que he visto. Alguien dijo que hacer poesía es trasladar lo que se ha visto. Y en esa frase se condensa mucha realidad. He visto la belleza, la mediocridad, el absurdo, y sobre eso es lo que he escrito.

(O) ¿Caracol en llamas se podría considerar un tributo a César Dávila Andrade?

(RA) Exactamente. Comencé a escribir textos sobre la vida y la poesía de César Dávila, el fakir, porque lo admiro y para mí es muy entrañable. Tuve sentimientos provocados por él mismo que me motivaron a escribir textos sobre aspectos de su vida y su poesía.

(O) Has cimentado el teatro y libretos para radio, ¿cuál es la diferencia con la poesía?

(RA) He escrito libretos para radio, con escritores y poetas ecuatorianos y latinoamericanos, en un proyecto conjunto con otros escritores: Raúl Pérez, Simón Zavala, Iván Eguez. Produjimos en 1989, y 1990, dos series para el Consejo Provincial de Pichincha. Tuvieron alguna difusión, pero no la suficiente. Es algo ya pasado. También he escrito dos obritas para radioteatro (Espejo, un zapador de la colonia americana, y El Dr. Sabri y las picadas del viento), y una de teatro sobre las aventuras políticas de Eugenio Espejo, Luces y espejos en la oscuridad. La diferencia con la poesía es que el teatro es un género que te obliga a ser más razonador y argumentar situaciones, debes investigar sobre lo que escribes y manejarlo de manera dramática.