domingo, 1 de mayo de 2011

EL SEÑOR DE LOS CUENTOS

Luego, de la triste noticia de la muerte de Ernesto Sábato retomo esta frase de este gran escritor: "Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro", y es así, en medio de injusticias, olvidos, guerras por el poder económico que nace este libro: El Señor de los Cuentos, del amigo y escritor Fausto Ramos. Compañero de los talleres literarios de la Casa de la Cultura, que, con felicidad ha editado un hermoso libro, de unas 260 páginas, en la que 15 relatos nos demuestra la riqueza espiritual de un país.


Es por eso, que Casa de soledad invita al lanzamiento de esta obra, el día jueves 19 de mayo del 2011, a las 19H00, acto en la que intervendrá el escritor Fausto Ramos junto al poeta Diego Velasco Andrade en el aula Benjamín Carrión de la misma Casa de la Cultura. Así mismo, el libro estará en las librerías para su venta.


Felicito al amigo Fausto Ramos por esta gran publicación y suerte en sus proyectos literarios.

domingo, 17 de abril de 2011

DUELE TANTO NO SER NIÑO EN LAS MAÑANAS


...duele la música cuando cesa / duele escribir / duele. El autor de estos versos que se desangran en el precipicio de la memoria es Carlos Luis Ortiz (Alausí, 1979). La primera vez que supe de la existencia de este poeta fue en el Concurso de Poesía Joven Ileana Espinel, del cual fue el ganador en el año 2009, desde ahí tuve una gran intención de acercarme a sus versos, y fue en La Feria del Libro de Riobamba que el encuentro fue cercano, su libro: "Lírica para vagabundos" llegó a mis manos.


Desde sus primeros versos, se puede sentir la nostalgia que acoge a Carlos Luis Ortiz: "No me duele el tiempo, / mi madre vela por mis huesos cuando duermo". Así es la poesía de Lírica para vagabundos, un canto a ese pasado que se viste de tristeza. Para los griegos, los poetas (personas escindidas en el dolor) debían bajar al infierno, lugar donde los dolores tomaban cuerpo; esa era su inspiración, tiempo después, los psicólogos llamaron a este descenso como depresión. Quizá esta palabra sea un enlace para desvivirnos en las lágrimas que nos devela Lírica para vaganbundos: "Esbozo canciones / sobre las últimas heridas / provocadas por el descanso eterno".


Dos libros componen Lírica para vagabundos; Detrás de la música fui todos los hombres, quizá parafraseando a ese otro de Borges, quizá a ese otro de Poe. Ese otro que aparece en una muralla a la caza del verbo: "Yo que soy apenas el vestigio de un artista.../ Ladrón que usurpa el frescor de un eucalipto". Ese otro que espera el camino hacia la nada, en donde permanecen estáticas el tiempo y el pasado, hermanadas en una muerte espesa, dolorosa: "Siento a veces que la muerte / se eleva como un navío hacia la luna, / tan alta, tan espesa". Para terminar cicatrizado en un mar, en un espejo coartado de imágenes pueriles: "El vivr tiene sus privilegios: / un manuscrito obsesionado bajo el polvo, / un roce detenido entre las manos".


El segundo libro se denomina: Un ayer impostergable. Nuevamente la voz poética se basa en la memoria, en el pasado para construir imágenes sangrantes, fuertes: "Camino con sangre entre los dedos / y todo es rojo cuando escribo". El poeta Ortiz vuela en los días grises para desemascarar aquel pasado inconcluso, aquella sombra que no le permite seguir en el camino hacia su futuro inacabado: "El tiempo me delega la confusión de los parques / el ritmo del carrusel". El discurso poético es desenfrenado. Las metáforas se osurecen ante la belleza, ante el verso. Gratificante poemario.


INTERMEDIO


III


Fue el mar

quien acarició el final de la tarde,

con sus sales anhelantes de ritmo.


Fuimos nosotros: oboes extraviados en la ribera,

un concierto postergado

una cruz.


VI


Brillante aún es el cuerpo

donde mi saliva dormía como un olvido

y como una cicatriz.



EL AYER IMPOSTERGABLE


I


La poesía acomoda cenizas bajo la cama,

las cenizas elevan tumbas.


Camino con sangre entre los dedos

y todo es rojo cuando escribo.


XII


Quienes en mi cuerpo se arullan,

se arullan en un cofre de dardos y de espuelas.


Allí, empujo las sonatas.


Un escondrijo donde a nadie espero.

domingo, 20 de marzo de 2011

Y NOS HALLARÁN DORMIDOS


Así reza en uno de los versos del poemario: El arpa del ceibo en llamas, del poeta ecuatoriano Antonio Vidas, residente en España. Conjunto de poemas que forman un cuerpo irreverente a crecer en una sociedad postmoderna, vívida en los merchandising. Donde las raíces se estancan en un olvido. Este libro nos lleva a esos recovecos de la niñez, nos plantea un esceario tierno, pero también violento, desparramados en la magia de la palabra: la poesía. Dice: "Descubrí en frondosos deslaves el cuarzo frutal del pechiche, / donde, tarde, mi soledad llegaba a envejecer... / Vetas con pus de naranjo y chirimoyas con glaucas varicelas, / contagiaron mi salud tostada al sol..."

Poemas que deben leerse con un compromiso inevitable. Antonio Vidas recupera su fuerza e ingresa sigiloso al escenario nostálgico. Es él en esta Infancia y aldea (primera parte del libro) "Antonio Vidas he muerto en la ronca bóveda de la panza del / tiempo", dice la vos poética, profetizando el camino doloroso, a la vez fantasioso que nos depara el libro, como un manifiesto glacial. Un grito rebelde, "Antonio Vidas, me voy. Salgo esta noche última del siglo... / Cuán amargo y poderoso era bohemio del arpa astral de la / poesía..."

En Ciudad y juventud, Antonio Vidas descubre ese pasillo, ese pueblo, ese niño ciego que vivió un pueblo carcomido en la pobreza, más narrativo que constructor de imágenes, Vidas nos muestra poemas hoscos, pero cargada de emociones: "Ciudad y aluvión de unos ojos que amé en otras vidas". Para luego, lanzar al silencio este grito, que de seguro perdurará en el latir conjunto de corazones: "Dile Amor al tiempo que vuelva"

En los Campos verdes y Destierro, Antonio Vidas experimenta, con una voz inmersa en la poética vanguardista, con elementos naturalistas, códigos familiares, símbolos, mitología andina, un rito sagrado: "¡Oh, paraíso verde, volabas sin bozal, a lomos de maní sin / cumbre! / llamarada del cafetal que muele la noche..."

Es por eso que El arpa del ceibo en llamas, de Antonio Vidas, viene a ser un poemario diferente, trabajado con austeridad. Publicado por Marfuz ediciones, en el año 2010, editorial dirigido por Alexis Cuzme, me llena de agrado presentar a ustedes un poema de este libro para que lo disfruten:

MONTONEROS DE LUZ

En el pensamiento y la obra
de nuestro general
don Eloy Alfaro, en Chone.

En una aldea del tiempo yo soñé la revolución de la tierra.
Y eran montoneros de fuego con casacas de agua y armadillo,
en barrancos de éter y ensillado el aire al trote de los árboles;
la hierba meteórica corría tras la última jornada del sol.

Y eran hombres que llevaban al cinto huracanes de cuero,
aros planetarios en las alas de paja del sombrero...
En hormigas su cadáver entraba en las vísceras del trabajo,
el brazo mariscal del cangrejo en furiosos garabatos,
y las hélices del machete en pos de la cumbre de plaga astral...

Oh, tiempo en que soñé trillado el yunque con perdigones de
/maíz,
a la caza del cielo por el dolor escultural del día sepultado,
que mis ojos rurales no verán,
y ciegos granos de abril ven emerger crecimientos solares,
y volar los surcos hasta altura de la guacharaca,
hacia la altura esmalte del mono que cuelga en el arnés.

Porque, aquí yace, muchos futuros, parado sobre mi muerte,
un yo mutilado, pateando las losas de asfalto, hasta el alba...
Galopante el viento que, entre andinas nubes del cielo,
alzó su espada profunda contra el dios que dormía...

Liberto yo soñé la epopeya de la selva,
circuida de anacondas líquidas que matan su propio esqueleto,
y la sangre del camote que escarba su santuario.
Campesino de la altura yo soñé hasta caer las canillas del
/tiempo.
Y otros eran nuestros mundos amanecidos en tumbas verdes,
con caminos levantados hasta las columnas del palmar,
con hambres rumiantes hasta las carnes del ocaso,
y la garganta esférica del sol,
¡ya sobre el cenit de nuestras nucas!




lunes, 28 de febrero de 2011

LA VOZ POÉTICA DE MARÍA FERNANDA ESPINOSA



Todavía recuerdo como fue el primer encuentro con la poesía de esta poeta ecuatoriana. En la Casa de la Cultura, el viento se sobreponía por sobre mi cabeza como un trapecio. Sus ojos se filtraban en una rama invisible, en la gente, que atenta a su voz se rejuvenecía en las metáforas andinas, misteriosas, casi chamanicas: "Comes / me carcomes / soy viento y selva / no manzana..."


El discurso poético de María Fernanda Espinoza está inmersa en el pasado, en ese torbellino de fotografías impregnadas en el presente, en su memoria, así lo podemos leer en el poema Mano negra: "Tu mano negra... / concha prieta / trompo de coco / tiznado en la memoria". Memoria que lo retrotrae en la escritura como un tatuaje de selva. Memoria que engaña al silencio, en ese espacio donde se concentran los vicios del pecado ...la escritura me pongo como manto, nos dice en el poema Cuento.


En estos versos podemos vivificar la mujer hermosa que chapucea en el agua. Ahí se transforma. Vuela. Sueña. Construye. Destruye. En Loba triste la poética de María Fernanda nos enlaza en un páramo, donde los seres humanos hablan con los pájaros, como en un rito andino, para luego, pedazo a pedazo, reconstruir el país anhelado. El país amado: "Lo temporal está en nosotros / como en las ranas su metamorfosis. / Atados a la escritura... / Así el pasado permanece / empoemado"


María Fernanda Espinosa (Salamanca, España, 1964) ha publicado los poemarios: Caymándote (1990), Tatuaje de selva (1992), Loba triste (2000), Antología (2005)


POEMAS:


EN TUS OJOS CERRADOS


Me acogiste en el hombro
de alguno de tus dioses

me enseñaste que el mar

es ese Otro Siempre Ido

que cada vez que mira

la luna en medio cielo

piensa que es el tatuaje

de un amor embrujado


Me acogiste en tu hombro

y en tu pelo de niebla

cuando cayó la lluvia

coas leve

final y fruta

de tus ojos cerrados



XVII


Te imagino

te sigo

te siento

dibujo tu cuerpo

con sombras y todo

pero esto se llama despedida

aprender a pensarme sin ti


no habrá rincón que no te devore


no habrá indultos

solo un desierto

un invierno cien pies


MANUELA


Eterna salamandra

reflejo que se posa en paredes y ranuras

tu historia se teje

en alfombras de musgo y verano

amaste sin orillas

pies descalzos

trenzas agua suelta y polen

bata húmeda pegada al cuerpo en cada pliegue

más allá del frío y el verso

más acá de los destierros verbales

y las cárceles de flores




martes, 15 de febrero de 2011

400 CUERPOS DE ROY SIGUENZA




Cada vez que leo la poesía de Roy Sigüenza (Portovelo, 1958) acude a mi cabeza las noches donde el amor acudió a cicatrizar mis heridas. Así, el libro "Catrocientos cuerpos" es una llamado furtivo a eros desnudarse en la noche: Iré qué importa / caballo sea la /noche, nos dice en el poema, Piratería.
Frases cortas. Pequeñas palabras, pero que en su contenido abundan las ideas, al contrario de lo que se está escribiendo en la actualidad con los noveles poetas "canónicos", frases largas sin ningún sentido sensitivo e imaginativo, una muestra es el poema Conocimiento: La sangre tatuaba en tu espalda / un signo incomprensible que bebí. La brevedad de estas líneas quedan atrapadas en la mente del lector como un deseo utópico.
Leer a Roy Sigüenza no es fácil, se necesita alta dosis de sensibilidad, poder soñar e incluso, dar paso a la imaginación. Sus poemas quedan adheridos al corazón. Sus versos no pueden estar pasivos, ellos mismo revolotean, cambian de forma.

Así, dejo a ustedes unos poemas de este libro:


AGOSTO




el viento se esparce por las ramas de los árboles


el rostro de mi amado por la hierba




LA VISITA DEL ÁNGEL




tu cuerpo nada pide




una presencia en el aire


la mano que abre o cierra las puertas




talvez en los trechos de la noche


el jardín de la estadía




II




La vida, como la muerte, mancha;


pero no es lo único que hace:


a menudo me olvida en el bar


donde te espero y nunca llegas




III




Me acuesto y me levanto con la cabeza llena de ti.

domingo, 30 de enero de 2011

ENAMORADO DE UN FANTASMA: Libro de Edwin Madrid


Me gustan los libros viejos. Tocarlos. Sentir su tesitura. Emborracharme de su olor a papel añejado. Me gustan los libros viejos, porque son como putas hambrientas. Me atrapan entre sus piernas. En los libros viejos las palabras muerden. Someten. Aman. Recuerdan.

Así llegué a un libro pequeño, de la colección populares EVARISTO, editados por los años 90. Varios de ellos los he leído, entre los que destaco: Derrocamiento del Lector, del gran poeta e incesante animador de grupos culturales (Además fraterno amigo) Diego Velasco Andrade, también el libro: Y si yo pongo la calma?, de Pablo Salgado, o Póngase de una vez en desacuerdo, del poeta y catedrático Vicente Robalino (de los cuales hablaré en otra situacuón o en otra lectura). En lo que hoy quiero presentarlos es el libro: Enamorado de un fantasma, del poeta Edwin Madrid.
A decir verdad, el título no es atrayente, pero adentrándonos podemos dislumbrar un0 de los libros que ha sido trabajado con exhaustividad en el humor, en la cotidianidad, con un lenguaje severo, refrescante y sincero. No trata de quisquillarse en el lenguaje de poetas exquisitos que abundan en el país.
Este libro solo es un ejemplo de la labor de los talleres literarios, dirigidos por Miguel Donoso Pareja y que lo continúa, Diego Velasco, Edwin Madrid, Jorge Velasco Mackenzie, encontrar voces aisladas, voces que se encuentran en una onanición, en un silencio, en un oprobio. Qué puedo decir de Madrid, sino solo que una alegría leer estos versos, que a diferencia de Puertas Abiertas (el único que libro que pude leer de este escritor), encuentro sinceridad poética.


Así que dejemos las palabras y leamos un par de poemas de este libro:


COMO GATO PANZA ARRIBA



siete años sacando a esta señorita


tecléandole mis secretos


para guardarla nuevamente


quisiera emocionar otras historias


en los espejos de su cinta


sembrar un bosque de luces verdes


para huir del correr de la luna


y esconderme de las hojas blancas


acariciando mis huesos


estos ojos chiquitos


no perseguirán un amor joven


-escrito en el aire


siete años frente a una mesa


podría ser un récord


pero los días pasan
anhelando hacer un buen poema


y tenderse como gato panza arriba


sobre un tejado nuevo



POEMA BÍBLICO



mi hermano asegura


que cuando suba a los cielos


san pedro le dará con las puertas en la nariz


y no le quedará más remedio


que regresar a la tierra


esto funcionaría


aunque san pedro


ni se percatará cuando él


ingrese al paraíso


arrase con el árbol de manzanas


quiebre la vajilla irrompible de maría


se tome unas cervezas con los ojos apóstoles


-y salga por la puerta de atrás


antes de que eva
lo declare su huésped

lunes, 24 de enero de 2011

LA VOZ DE EROS EN EFRAÍN JARA IDROVO


Efraín Jara Idrovo es una de las voces representativas de la poesía ecuatoriana. Su trabajo poético va desde la estructura, tanto en lo lingüístico, así como en metáforas bien desarrolladas. Uno de los libros que destaca: Sollozo por Pedro Jara, es por el trabajo exhaustivo en las líneas, donde la voz se intercambia entre la dodecadofonía y las imágenes fuertes, al aludir un tema complicado, el suicidio de su hijo. Pero Efraín Jara Idrovo, además se inserta en el erotismo, con un libro que terminé de leer: Los rostros de eros:

Dividido en tres partes. El poemario inicia: Gracias por darme, Amor, tu airosa / flecha para el momento del ocaso... sonetos que van dando forma al cuerpo de Eros, y su docotomía: la muerte. El eros perpetuo en las pasiones humanas, dice el poeta: ¡Si hay que morir, que sea enamorado!

Así, el poemario comienza una reflexión sobre la situación del ser amado, las complicaciones que surge en la turbulencia de este estado: Para el amor no existen las edades, / sólo dos soledades que se anhelan / y, en su vértigo, al tiempo desvanecen...

Uno de las constantes de Efraín Jara, es la desolación que transita por su alma, al abandonar la cuidad, su Cuenca, por encerrarse en la meditación de una isla, para él lejana: Me ha invadido la barba y estoy triste. / Por mí, mar volcanes, en Galápagos, / saben que en el amor no existe olvido...

Dice Efraín Jara Idrovo, en una entrevista con Edwin Madrid, con honestidad: "Fui (a Galápagos) porque llegué a un punto que mi propensión al alcohol se manifestó como peligrosa, por ello tomé la resolución desesperada de irme a Galápagos. En una isla de de veintiséis habitantes". Está claro que una de las obsesiones de Efraín Jara es vivir bien, alejado de las preocupaciones mundanas. Pero, el poeta revive y dice, como queriendo salir de esa jaula: Desde el exilio en ti, vivo mi ausencia...

POEMAS

DESNUDEZ MAS PRIMOR SUMAN PUREZA

Lo mismo que la antorcha, estás desnuda:
perfección de la llama es tu belleza.
Desnudez, perfección, abastractas, hablan
no a los sentidos, a la inteligencia.

Desnudez más primor suman belleza:
auroral inocencia de las formas,
serenidad de las constelaciones,
glacial incandescencia del diamante...

En la alfombra, sentada, estás desnuda;
pliegas las piernas contra el pecho: entregas
al ojo tu esplendor, sin ofrendarte.

Ausente, me sonríes, como en sueños.
Desnuda eres irreal, de tan perfecta,
¡no veo el cuerpo, miro tu hermosura!

TRÍPTICO

III

Y de este ardiente amor, rabioso y triste,
como el ojo del tigre que agoniza,
¿qué quedará? ¿Qué logrará salvarse
del desapego y de la desmemoria?

Amor no niega al tiempo: los amantes
truecan en apariecia su transcurso;
arrobados, lo abrevian o dilatan.
¡Sus instantes demoran lo que siglos!

Fingen la eternidad, pero los días
ni a los amantes ni al amor perdonan:
sueños del polvo, han de rendirse al polvo.

De ti, de mí, ni quedará el gusano.
Mas este amor, que no confió en palabras,
airoso, en canto ha de sobrevivirnos...