miércoles, 10 de agosto de 2011

UMBILIKAL:



...LO QUE SÉ DE EXISTIR,


ES DEJAR EL MANTEL LLENO DE MIGAS



El título de este libro, que deviene en una búsqueda al pasado, del poeta Edison Navarro Cansino (1983), nos somete a lo que Vicente Huidrobo llamaría en su Altazor incendio, o sea un poema que se propague por todas partes, y nacen las imágenes consumiéndose a bocanadas: "Se ve a los ángeles fornicar,/ ruedan botellas y retazos de alas con carne..." Estos, sus primeros versos nos van encaminando por donde el discurso poético perdura, sin someterse a novelerías patibularias, canó(n)nicas. Un lenguaje que se debate entre lo sensual, lo exitencialista, pero también en la exactitud, ese que nos rememora al verso sereno:



La madrugada eres vos

de entre tus manos nace un niño ciego

arrastrando las campanas del insomnio

anunciando tu ausencia

Quizá el acierto de este poemario es esa incesante búsqueda por el otro (el cual siempre termina siendo el poeta mismo), desfallecimiento, pregunta, respuesta, viaje, apertura... pero que se deshace en los puntos suspensivos que nos deja esta sociedad que nos consume en merchadising:



Me dejo en la vereda de tu nombre

en el tiempo que nos abandona

colgados del espejo

Ese otro de Borges, el arte. La locura de Palacio, el verso. La bohemia de Dávila Andrade, el poema. La virtud de Wilde, el amor: "...pasa que mis dedos son memoria de perro/ aprendieron el camino y vuelven a tu sombra". El amor no es uno solo, tampoco está estático. es movimiento sublime, pero también el final del camino, ahí donde inicia el rastro del amante.



Hasta hoy,

lo que sé de existir,

es dejar el mantel lleno de migajas

Edison Navarro Cansino, en este Umbilikal propone una poesía con versos cortos, pero que nos llena de polvo, aquel polvo que los poetas lo vuelven amorosos, una resonancia a estos espíritus que nos han encarcelado en la soledad, quizá Umbilikal nos indique el camino de libertarnos de aquella soledad: "...bajo las piedras/ un gusano arrastra palabras que saltaron de mis ojos/ y construye la guarida/ donde sobrevivirá tu nombre..."

Comparto unos poemas de este pequeño, no tan hermoso como la luz en el fin del camino, de este pequeño Umbilikal



SEIS

Sopla la constelación de tus piernas

charco de cenizas tu pubis,

yo,

un emigrante aguacero



DECIOCHO

De polvo eres

y en lodo te convertirás,

SENTENCIÓ el mar.

Luego:

el oleaje tragó mis huellas



VEINTIOCHO

Después de todo

cuando nada exista

y desaparezcan los pájaros del alambre

estiraré mis manos

y te inventaré otra vez en mi lecho.





domingo, 17 de julio de 2011

NO DEBERÍA HABER MUJERES BUENAS


Como su título, un libro que transgrede la sintaxis de la vida.

1.

El gusto que tengo por leer poesía me ha dado la incesante fascinación de la búsqueda de nuevas voces que imanten ese lado obscuro de mi vida, una sensibilidad que depare en la noche. Así, llegó a mis manos una veintena de poemas de una joven poeta mantense, Yuliana Marcillo, y al comenzar su lectura, al inicio, arribaron a mis ojos estos versos: Los sábados lloran perras, cantan gorilas/No soy santa, soy un ángel que tiene el lápiz del demonio... en ese momento recordé una frase de Jorge Luis Borges: Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrenté con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no. Tuve la sensación de encontrar en estos versos a ese demonio que encarne mi urdimbre soledad, la pesadilla de reecontrarme con ese miedo que dejé en el pasado.


2.

Irreverente, los versos de Yuliana Marcillo nacen de la transgresión, con un lenguaje que emerge del ambiente sórdido que nos lega este periodo postmodernista, donde la rebeldía es el punto de libertad y el amor solo es un agitado universo de penas, de lágrimas, nos dice la poeta:

Me dices estás bella

¿Bella?

Pero si estoy hecha de soledad y tierra, te digo...

(Yo)




Desacralizar una sociedad hipócrita son el próposito de estos versos, así reza en el poema Flaca Llorona: Abro las piernas para obtener amor, /cierro las piernas para exigir respeto... Gritar las penas que están obstruidas en su memoria, en ese recuerdo que el poeta lo encuentra. Desenmascarar a una época que nos infiere en el desencanto que nos dejó la moral del siglo pasado. Son estos versos que nos desafían con una sonceridad infernal: Era un secreto./Ahora lo saben; los demonios también lloran.


Versos que golpean la conciencia, que dejan una sensación de lluvia pegada a la ventana, de un enorme insecto que se desnuda en un charco de estrellas, los poemas de este libro: No debería haber mujeres buenas, prorrumpen de una originalidad que bucea la cotidianidad con unos ojos que aterran, que hieren, desafían, solo recuerdo a Bukowski que esperaba la muerte como un gato, así en el poema Silencios, los versos muerden: Si gritas nadie te escucha/ Las buenas personas pasaron de moda./ Hoy matan, violan, cantan...



Charles Bally no equivoca su afirmación al decir que "las lenguas cambian sin cesar y no pueden funcionar cuando no ocurren los cambios", así, el producto escrito se considera como una fuente de testimonio, tanto al presentar una lengua y su contexto, el fondo. En este caso, Yuliana Marcillo es consciente de este suceso y es la lengua ese vaso comunicante de su sociedad para con los otros:

No me des flores, dame un revólver.

Quiero acabar la disfrazada Navidad.

Todo verde, todo rojo, la dicha de un día es un tiempo falso

(Disimulo)

Pero la lengua no alcanza, necesitamos de una sensibilidad diferente. Unos ojos que capten la realidad sin tapujos, unos ojos que miren al detalle lo que sucede en la vida, denuncie. Que aplaque los principios y las normas establecidas por una sociedad pacata, y con una voz que toma el humor negro señala:

Si el amor es ciego,

Que las monjas bailen zamba

(Besos morados)

Esto es en pocas líneas: No debería haber mujeres buenas, un poemario que transgrede la sintaxis de la vida, que bucea lo recóndito del ser humano.


lunes, 11 de julio de 2011

La belleza que se tatúa debajo de mi lengua


Esta belleza no tiene la culpa de ser así, manifestaba Gonzalo Arango, en uno de los varios escritos nadaistas, frase que traigo a colación con respecto a esta serie de poemas que nos presenta Pablo Flores, en su Pin pon o la sequedad de las estrías, ¿Belleza o anti-belleza? cuando el poeta no se sujeta a cánones establecidos en la escritura de la poética sino que, desmitificando las palabras desestructura los versos y omite palabras oprobiosas, carentes de sentido: "Valen verga todos los puntos cardinales (...) que conforman el accionar de esta descerebración sobre un pastizal".

¿Pero qué hace que un poeta tenga la necesidad de desestructurar un esquema?

Quizá entender que el ser humano es producto de su tiempo. Que es una semilla que se va formando en este universo que nos inunda de dioses vestidos de shoppings, que trata de consumirnos. Ya en su tiempo, César Dávila Andrade indagaba nuevas formas de escribir poesía. La metafísica, lo místico, la bohemia eran parte de ese modo de expresar su época. Jorge Carrera Andrade tratando de ordenar su universo; Hugo Mayo, desde su puesto de burócrata, ensimismándose en el amor al arte. Y es en este contexto en que aparece Pablo Flores:


"Nací en la imitación de un paisaje postal contra la dispersa agua por caer en una


cena de lujo, dejo la descomposición del engrasado al agite de los moretones como


una brújula llena parcialmente de agua, compartimientos que ya se dieron en el


complejo de caastración según Lacan, y las obras de arquitectura de los retretes


cerrados del fin del mundo."



Conocí a Pablo Flores en el acto de aprendizaje de los talleres literarios de la Casa de la Cultura, dirigidos por el poeta Diego Velasco; y en ese avnace de su existencia, era la escritura unida a la experimentación, a su pensamiento, a la vida formal que llevaba, tanto en la Universidad como en su familia y amigos que empezó a mostrar su cosmos:





"Retado a mantener la orina por lo alto de la pared, contuve mis lágrimas,


me repitía a mi mismo que sólo mi cuerpo es la longevidad de un órgano


expuesto al sol y la lluvia, que las ondulaciones del estribo en el cual la


resina se fragmenta, se vuelve comida remada"





Era un poeta diferente, pero con alta dosis de sensibilidad, propio de gente que convierte su miedo en una inquietud. Y esta inquietud los reserva para su creación. Creación que desemboca en imágenes poéticas. Así, la poesía en Pablo Flores no está desligada de la vida, está en lo más alto de la sublimidad del ser humano, su poesía es testimonio del mundo en que habita.





Este poemario que es un juego para el lector, un pin pon que rebota en la miseria del ser humano y va dejando estrías en la sequedad de su mente, poemas que no brindan reposo, poemas caóticos que develan la fiesta en la creación literaria:





"El corte en el ojo por el mármol tallado a la alabanza del calor que transmite la


prórroga de la línea del sol en el hundimiento de la reminiscenciade refugio propio:


Cada torrente de sangre esparciéndose fuera del cuerpo"


Cercado a lo que García Lorca llamaría una selva de sangre, y en esa relación crear su Perro Andaluz, junto a Dalí, esa misteriosa llaga surrealista que en este poemario nos sugiere en cada verso.



Si en la mitología griega, Prometeo accedió a los recovecos de los dioses para robar el fuego y entregárselos a los humanos, con esta propuesta literaria: Pin pon o la sequedad de las estrías, Pablo Flores nos entrega libertad y armonía, lo necesario para hacer feliz nuestra existencia.






POEMAS:



De la vida y el género de la abreviación del poder de la belleza evolutiva, surge el viaje del esperma ensegueciendo la translación de los objetos que siguen siendo un show del cardumen de una costilla lustrada, dando lugar a la sátira de ladrones que pronto resumirían mi muerte, como un acto de fe insitida en la sombra de un pedazo de carne de res por caer al mar.



Dios los crió, y cayeron todos los pájaros del mundo



***



Velar por este manoseo en el virar de la mano, devendría en el hallazgo más plano de las catástrofes por el líquido de las bombas. Bang! La cabeza hubiese explotado de plomo si la rancia de caer a la hoguera como salvavidas no era un simple salto al vacío.



***



Posteriormente perpetuando encima de la incineración de esta escultura que asemejaba al pasto de campo; acabada el origen de un centro en la tierra al cual llamaríamos partidura, las estrías que se confundían en la bruma de cientos de mujeres pariendo al mismo tiempo.






domingo, 3 de julio de 2011

LA MÁQUINA DEL GRITO, SUAVE Y LIGERA RECOLECCIÓN DE GRACIAS / EN MI ESPERANZA PRESTADA



La máquina del grito, del joven poeta Marco Manotoa (atado a la escritura más que pasión como una opción de vida), enfatiza el significante y no el significado, búsqueda incesante que anhelaban los poetas surrealistas. La imagen labrada en esa exploración de la palabra envejecida en el inconsciente del ser humano. Locura desenvuelta en la creación de versos transgresores: "cadáverexquisito del cuerpo-prometeo subyacente del teatro / acostumbrado a deletrear aforismos / in-ciertos... in-ventados... in-conclusos..." escarnio humillante a la poesía disuelta en un oprobioso canon. Poemario disuelto a de-construir la palabra poética.

Con este poemario, Marco Manotoa irrumpe en la literatura ecuatoriana como el ganador del I Concurso Universitario Alfonso Chávez Jara, por aquella aventura, llaga que se puede colar en la condena, en el lenguaje con una sensibilidad que responde a la época postmodernista en la que vive: "es verdad que la alimentación en exceso / genera la condición adecuada a la náusea", y es así en donde nace el grito como salvación, el poema como ese espacio de diálogo con su otro, del cual requiere para poder vivir.


El juego metafórico de este poemario es sagaz, riguroso en el trabajo simbólico, abandona el empobrecimiento lírico de los románticos (hay que tomar en cuenta que el poeta no sobrepasa los 20 años de edad) para ingresar con paso indagatorio -¿cólera acaso?- que en esa búsqueda de la respuesta encontrarse claro como el agua: "devienes en mí, como lo hace / el río en el océano", nutrir a ese otro, diálogo necesario de su cultura.


El poeta ecuatoriano, Jorge Martillo, asevera que: "escribía para joderle a los otros" y me pregunto, ¿no es esto lo que hace Marco Manotoa cuando arroja: "...esta criatura poética que el autor viste / con sintagmas re-mendados y frases des-cosidas, / es 1conejito blanco de Cortázar / para su autodevoración"?. Sarcasmo, lenguaje que vaga entre lo irónico y lo intelectual, poseído de un concepto ambivalente. Recuerdo la palabra irónica de Alfonso Chávez, que en su poema Cayó en una trampa, daba un final contrario: "No sé si fue timidez o táctica / de los golosos Píndaros / que aún desafían / desde sus inocentes rubores". Marco Manotoa habita el desencanto de una intelectualidad arrogante, es por eso que niega y los re-construye.


Arremete contra el discurso cursilero del amor, sabe que la palabra amor conlleva conocimiento, por ende dolor, nostalgia, muerte; así se abandona en sus lecturas: "figura del ciego en la historia-humana / desde mefistófeles a borges / pasando por la gula de vistorhugo, el alcoholismo de poe, el / narcisismo de wilde, el trágico-romanticismo de montalvo. / el amor es la meta, la aurora de noches bohemias...". Reconoce que la escritura solo se la puede detener con la muerte.


Para Marco Manotoa la escritura poética es ese ejercicio de reescritura de lo ya escrito (vicio de Octavio Paz), trabaja lo no dicho en imágenes escondidas del poema: "mera finalidad de poetas-futuros re-inventar... re-encontrar... re-citar... los vocablos latentes re-mover... re-escribir, re... utilizar... páginas atléticas". Así es La Máquina del Grito, un desgarramiento existencial. Único en poetas sagaces, genuinos.

Por lo dicho y en el silencio de este texto expreso en un poema de Alfonso Chávez Jara: "Del profundo corazón de la noche... / nació la ráfaga / que iluminó / tu cuerpo / que no ha muerto". Podría decir que con La Máquina del Grito, renace una nueva poética en el Ecuador, lo sé y espero no equivocarme. También espero que el Concurso Universitario Alfonso Chávez Jara que promueve la FEUE, Nueva Universidad, conjuntamente con la Revista Ojos de Perro Azul, no decline y se institucionalice en la búsqueda de nuevas voces, ya hemos encontrado uno y me siento feliz.


¡Salud por este poemario!



Porke: "...somos sangre de todos / en todos nuestra sangre se alza / levantamiento sangriento de toda / amérika nuestra, nuestra amérika".






Kitu, abril del 2011

jueves, 16 de junio de 2011




LA MÁQUINA DEL GRITO, LIBRO GANADOR DEL I CONCURSO UNIVERSITARIO DE POESÍA "ALFONSO CHÁVEZ JARA" SE PRESENTARÁ EL DÍA VIERNES 24 DE JUNIO, EN EL AUDITORIO TELMO HIDALGO DE LA FACULTAD DE ECONOMÍA, EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL.


EL DÍA JUEVES 23 DE JUNIO HABRÁ CHARLAS SOBRE LA NOVÍSIMA LITERATURA ECUATORIANA, ADEMÁS DEL RECITAL POÉTICO.


A LOS ASISTENTES SE LES REGALARÁ LIBROS.


LES ESPERAMOS

INVITA: REVISTA OJOS DE PERRO AZUL

miércoles, 11 de mayo de 2011

NUEVO LIBRO DE DIEGO VELASCO

Coito ergo sum:



habita entre pisadas de poeta y

el canto luminoso de pájaros ciegos










¿Qué nos legó a los escritores jóvenes la llamada generación de los talleres literarios, de los años 80? Quizá voces reveladoras enfrentándose a un canon obsoleto, a estrellitas fugaces en decaimiento. Una de las voces sobrevivientes a aquel naufragio es la Diego Velasco Andrade, arquitecto de profesión, poeta con una misteriosa lucidez en la construcción de metáforas, vividas a plenitud.


Y esto lo confirman la serie de libros publicados, entre los que nombro los poemarios: La poesía no es un libro de poemas (1989), Derrocamiento del lector (1990), Safari a ombligo equinoccial (1991), Gato en el sol (1996), Cordeles (2005), Alquimias (2006); los libros de cuentos En el jardín de Freud (1995), Tierna ficción (2006); y la novelina ¿El poeta ha muerto? (2002). Y esta trascendencia en las letras ecuatorianas lo sustenta Coito ergo sum, reunión de nueve relatos, donde la intrépida palabra poética unida a la ficción que Velasco Andrade extrae de su "chistera de mago" revelan los dones que su timidez y ese gran enigma interno que lo habitan pueda traducirse en historias reveladoras, sugestivas, hermosas.


Así, como si en una puerta sagrada donde el poema atrae a la luz y a la tormenta, aparecen: El sendero que lleva a Comala, búsqueda incesante del camino a la sabiduría; intromisión al llamado de la promesa vivida. A la persistencia de los sueños; a esa quietud en que se forman los verdaderos pensamientos, y al tantear ese profundo surco, el poeta nos invita a atravesar "como el aire las frías murallas que circundaban la ciudad; caminar al ritmo urgente de las autopistas que llevan a todas partes y a ninguna...". Así, el paso a Comala nos remite a la esperanza fantasmagórica en donde habitaba un señor llamado Pedro Páramo, a quien no dejo de visitarlo. Ahora, tengo la certeza con su texto de que el "abrasadero" de cuerpos en el que me hallo, tenga su no respuesta en estas filosas aguas imaginadas en la luz y en las sombras, sea "El Sendero que (me) lleva a Comala"...


Los relatos siguientes proponen historias retorcidas en la ambigüedad del lenguaje. Así, "La maison de unos gatos abandonadosen invierno", nos induce a una trama que sucede por medio de imágenes seductoras: "Hay un perro negro, negro sobre el techo; se equilibra en un alambre de luz y ladra al occidente, tu lo escuchas?" ó "Y voilá, el otoño necio, la tímida luna, el gato congelado, el buen café, la gris pupila, el dulce guante; el felino abandono y la hora girante, anunciándote la ruta por dónde se abría, el ojo tibio de tu puerta..." hasta desbordar, mediante un ritmo acertado, a rememorar una ciudad en horizonte andino, llena de visiones que termina siendo nuestro propio cuerpo, esos estados oníricos en que vagamos constantemente y maullamos abandonados en los cien brazos de la muerte.





La cotidianidad desborda encantamiento, aquí la poesía como un ángel caído sobre la bruma se inserta en la ciudad, retoma de aquellos diarios blasfemados al olvido, para retratar a personajes reales en historias reveladoras de la maldición a la que está sujeto nuestro destino. En el final del cuento: "El espeluznador de la vía 8", nos apunta el personaje principal, aquel que funge de "violador Camargo" o mejor de piedra de toque y mea culpa de una sociedad hipócrita y represora "Entonces, recogía mis pisadas hasta volver a la vía 8, en donde, como un espectro imprevisto y desgarbado, desaparecía ágilmente entre la bruma".



Algo remarcable que puede haber realizado Coito ergo sum es tomar las paredes de París y trasladarla a la de Quito, ingresar, inventar formas de concebir estos pequeños pensamientos que son vías de comunicación irreverentes ubicuos y mínimos "no lugares": estas pequeñas frases poéticas llamadas graffitis que nos devuelven a los sueños anarquistas, hacia aquellas utopías que nos arrebataron hace más de 500 años:




"Absténte de fumar en un lugar público

Absténte de beber antes de conducir

Absténte de sobrepasar los 130 KM/h

Absténte de lanzar un golpe



Desde las próximas elecciones




Absténte"




Esta especie de acertijo que constituye el graffiti , apuntan hacia redefinir una poética de la ciudad o mejor a aquellos imagos de lo cotidiano, pero que resultan extrañas en el texto literario, y que solo la capacidad del escritor los vuelve poéticas a la hora de ser leídas.


Lo seductor de Coito ergo sum, es también esa facilidad de trasladarnos a otros mundos, donde el ser humano pervive en lucha consigo mismo. En el jardín de Freud, nos presenta un personaje existente en el mundo real, se relaciona con los seres que lo habitan, así, lentamente ingresa a un recoveco donde las sensaciones lo dominan, se enfrenta con esos seres angustiados y angustiantes echados en el diván de un psiquiatra. Personajes, sugeridos por Velasco Andrade, que nunca tienen una esperanza de salvación por vía de la racionalización...


En fin esta "narratopoética" simplemente ratifica a Diego Velasco como un innovador de nuestra literatura, que no está sujeto a "modas rualistas" ni a ridículos cenáculos canónicos, pero si a la escritura como una condena pasional por buscar el incesante oficio de escribir. Pero en el oficio no se agota su tarea: también en esa incesante búsqueda de nuevos escritores, en un boom pueblerino y de comarca, colmado de premios y alabanzas mutuas en que está cernida nuestra literatura desde hace décadas; por todo lo dicho, Velasco Andrade está condenado a solo perpetuarse en la memoria fugaz de lo poético, ejerciendo la palabra activista y caminante que nos eleva a una alquimia de la palabra, de esa aqua vitae del poema interminable; a habitar entre las pisadas del caminante siempre incompleto y en el canto de los pájaros ciegos, ululando sobre las nubes trizadas del texto poético.



Cristian López Talavera


Quito, abril 2011



sábado, 7 de mayo de 2011

MIENTRAS ELLA MATA MOSQUITOS



"Este poema que escribo / sé que nunca acabará de escribirse". Quizá con estos versos Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979) marque la pauta para ir conociendo por donde versa su poética. Un poeta que desde la palabra va descubriendo esas nuevas formas de versar la vida. Que lanza pedradas al río y encuentra imágenes, metáforas para poder construir una (su) realidad.

Para poder hablar del poemario Mientras ella mata mosquitos, primero voy a exigirme en mostrar la pasión que tengo por leer poesía, ese ensimismamiento en la búsqueda de voces que me salven de la nostalgia en la que me sumo constantemente. Soy un enamorado de frases que golpeen mi mente, que me saquen del frasco de botella vacía. Para mi la poesía es acercarme a ese versado en la nada, a ese dios mísero, pero que conlleva amor, rebeldía, conocimiento. Y así es como llegué a los poemas de Augusto Rodríguez, por medio de esa búsqueda incesante de mi salvación, y llegué a este poema:




Hoy fue un día

para olvidar

refugiándome en una cama

todos salieron de paseo

o volvieron de sus trabajos

yo, moribundo y ciego

dormí con una camisa de fuerza.


Este es el ritmo por donde nos lleva de la mano el discurso poético de Rodríguez, sin tanto alareque, verbismos sin lógica, sin adornos fatuos. Mientras ella mata mosquitos asume un tono cotidiano, pero no por eso menos reflexivo; al contrario, Rodríguez es un... poeta que desea morder a la luna...




Una poesía rebelde, como el poeta mismo dice: voy lanzando letras / que poco a poco / se transforman en mosquitos / y pican y pican... dejan en quietud a una realidad almidonada en elogios. Nos advierte Rodríguez que su poesía es un canto a desestructurar un sistema mediocre que hace fetiche a la pasividad y que el poema muerda


hasta que las piedras griten

y se vuelvan armas

en la revolución del amor




Es que es el amor mismo una revolución tierna e insolente (como los grandes Tzántzicos). El amor es el ícono por donde el ser humano puede encontrarse. Es en la escritura que el amor encuentra su discurso icnonoclasta.


Conocí a Augusto Rodríguez en el festival de poesía joven Ileana Espinel Cedeño y para mi es un orgullo compartir estos poemas con usted amigo lector:


EN UN FUTURO LEJANO


En un futuro lejano

cercano

viviremos en el espacio

rodeado de extraterrestres

ninfas

arcángeles

dioses

y todo andará bien

mientras los humanos

paguen al día la renta



ARTE POÉTICA


Muérdele la silueta

clávale los dientes

desgárralo con tus uñas

arrójalo al abismo de los verbos

ahógalo en tu orilla

haz que llore en tu carne

escúpele al rostro

dale un puntapié en el hocico

una cachetada de aire

ahórcalo con tus cuerdas

márcalo como a una res

y condénalo para siempre

al infierno de las letras



CERO


Dicen que cuando estás

por la izquierda no vales nada

en cambio cuandos estás con los capitalistas

vales millones

eres redondo

a veces transparente

dentro de las matemáticas y de la historia

muy pocos saben

que sufres de soledad